OPINIÓN | Martín Belaunde Moreyra: Control del Vraem, prioridad nacional

El Vraem, por lo tanto, podría ser calificado de “territorio liberado” o mejor dicho de “territorio capturado” por esta modalidad delincuencial, donde el lucro es la razón de ser de los remanentes de Sendero Luminoso y el terror aplicado como fuerza persuasiva sobre sus habitantes.
MARTIN BELAUNDE MARTIN BELAUNDE

Cuando leemos noticias sobre muertes en el Vraem, particularmente de las fuerzas policiales, uno se pregunta dónde queda esa remota región del país en la cual se mata y hostiliza a las autoridades. Desde Lima se podría creer que está en otro planeta o en otro país. Sin embargo, el nombre de Vraem no es otra cosa que la sigla de los Valles de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro, ubicados muy cerca de Lima, quizás a 8 horas por carretera y menos de una hora por avión. Pero nos separa una gran distancia porque en el Vraem no impera la autoridad del Estado. Hoy, por el contrario, se encuentra infestado de narcoterroristas, antes seguidores de Sendero Luminoso y ahora delincuentes a sueldo de mafias extranjeras, a las cuales abastecen de cocaína para venderla al mejor precio en los mercados internacionales de consumo.

El Vraem, por lo tanto, podría ser calificado de “territorio liberado” o mejor dicho de “territorio capturado” por esta modalidad delincuencial, donde el lucro es la razón de ser de los remanentes de Sendero Luminoso y el terror aplicado como fuerza persuasiva sobre sus habitantes. Por cierto que no se trata de ninguna novedad. Es un sistema que se viene aplicando de manera continua en las últimas dos décadas. Un importante diario de la prensa limeña nos indica que entre 1999 y el 2017 han muerto en el Vraem por acciones violentas 323 militares, 85 policías y 38 civiles, lo cual hace un total de 446 personas. Y tal luctuosa estadística no incluye los asesinatos de policías cometidos en las últimas semanas. Existe por lo tanto un importante espacio territorial del Estado peruano –en el corazón de nuestra patria– donde las autoridades todavía son incapaces de ejercer su mando a plenitud. Todo eso a pesar de que disponen de medios para lograr el objetivo de afirmar la soberanía del Perú.

¿A qué se debe esta parálisis? Hemos tenido infinidad de discusiones sobre cuál debería ser la mejor estrategia para la extirpación de este cáncer que carcome la soberanía interna del Perú. Algunos dicen que el control físico de la zona y la erradicación de los grupos que comandan los hermanos Quispe Palomino es una función exclusivamente policial, debiendo las Fuerzas Armadas abstenerse de participar. Si la Policía no ha podido a lo largo de estos años extirpar el cáncer de la narco delincuencia, deben ingresar las Fuerzas Armadas para culminar dicha tarea. Y no se trata de sacar a la Policía sino más bien de que operen bajo un mando único para cumplir el objetivo. Está de por medio nuestra integridad territorial, porque en estos momentos el Vraem es una región del Perú que el Estado no controla a plenitud.

¿Cómo corregir esta situación? Creo que ha llegado el momento de colocar la tarea de erradicar a las huestes delincuenciales de los hermanos Quispe Palomino o de quien fuera, como una prioridad nacional del Estado peruano –por encima de cualquier discrepancia política dentro o fuera del Congreso–  con la participación conjunta de las Fuerzas Armadas y policiales. Si hay una reciente ley que así lo señala, mejor aún. Hoy eso constituye el deber supremo del presidente Vizcarra.

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