OPINIÓN | Martín Belaunde M: Venezuela y la OEA

Lo primero que llama la atención es que los 19 votos a favor solo representan un 55% del número total de miembros de la OEA.
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La Asamblea General de la OEA reunida en Washington el 5 de junio último emitió una resolución en virtud de la cual declara que el proceso electoral del 20 de mayo pasado “carece de legitimidad por no cumplir con los estándares internacionales, por no haber contado con la participación de todos los actores políticos venezolanos y haberse desarrollado sin las garantías necesarias para un proceso libre, justo, transparente y democrático”. Además reitera en su artículo 3 que ha ocurrido una alteración del orden constitucional de la República Bolivariana. Fuertes palabras sin duda que fueron aprobadas por 19 votos a favor, 4 en contra (incluido el de Venezuela) y 11 abstenciones.

Lo primero que llama la atención es que los 19 votos a favor solo representan un 55% del número total de miembros de la OEA. Al respecto debe tomarse en cuenta que para suspender a un miembro conforme al artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana, por una ruptura del orden constitucional, se requiere una votación de los dos tercios. Esto no se logró el 5 de junio principalmente por el importante número de abstenciones, provenientes de ciertos países caribeños donde todavía la influencia del gobierno de Maduro sigue fuerte. A lo que debe agregarse aliados tradicionales del régimen venezolano en Centroamérica y 4 abstenciones más en Sudamérica; Bolivia, que no sorprende; Ecuador, a pesar de los nuevos aires ideológicos del gobierno de Lenín Moreno; Surinam, donde quizás la influencia de Venezuela aún se siente por el petróleo y, finalmente, el Uruguay, que en este caso no respaldó a su excanciller y actual Secretario General de la OEA Luis Almagro.

Después de un rápido análisis de estos números podemos comprobar que no obstante todos los esfuerzos del Grupo de Lima aún no se advierte un auténtico consenso en la OEA para suspender a Venezuela. Y todo parece indicar que el régimen de Maduro ha tomado nota de esta situación a juzgar por las duras expresiones de Diosdado Cabello aludiendo a un supuesto fracaso de los gobiernos contrarios a los abusos del régimen de Maduro en su empeño de aislarlos diplomáticamente. En el futuro inmediato, si López Obrador es elegido presidente de México, deberíamos esperar un cambio de actitud en su eventual gobierno por su tendencia a no pronunciarse sobre las dictaduras en el continente. Y esto puede darle un mayor respiro a Maduro, en el caso de que el nuevo gobierno español presidido por Pedro Sánchez, también altere la dura crítica que Rajoy mantuvo anteriormente respecto de la tiranía venezolana. De manera que Maduro aún cuenta con algunas cartas en el ámbito internacional, sin perjuicio del apoyo que pudiera recibir de Rusia, China e Irán.

Sin embargo debemos tener en cuenta que aún si la presión diplomática contra Maduro fuera unánime, Maduro y compañía continuarán en el poder porque se requiere un esfuerzo adicional para que emerja una transición democrática. La incógnita está en dónde y cómo lograrlo. ¿La denuncia ante la Corte Penal Internacional? Quizás. Mayores sanciones internacionales contra los personajes principales de su régimen. Puede que sí. Pero lo único que lo puede derribar es un boicot internacional contra su petróleo. ¿Y cuál es el país con la capacidad de liderarlo? Estados Unidos tiene la palabra.

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