OPINIÓN | Manuel Eráusquin: Charly vuelve una vez más

No importa si lo escuchan desde un estéreo ochen­tero que ha sobrevivido al tiempo o desde la contem­poránea plataforma digital de Spotify, el asunto es que su vigencia...

Por Manuel Eráusquin

Todo se derrumba: la política nacional cada día expone mayores novedades sobre su caóti­ca existencia. Odebrecht le ha entregado pla­ta a medio mundo, el tema de Chincheros si­gue explosivo y el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) exhibe una fragilidad que inquieta.

Aun así, uno se hace el espacio para escuchar el nue­vo disco de Charly García: un trabajo que lo merece, so­bre todo si el cantautor argentino ha sido seguido toda una vida. Eso tiene que significar algo.

Esa indómita luz, que son las canciones, el arte de Charly García, se hizo carne en muchos. Generaciones completas de padres e hijos, incluso nietos, comparten los temas de uno de los músicos más representativos de la región.

No importa si lo escuchan desde un estéreo ochen­tero que ha sobrevivido al tiempo o desde la contem­poránea plataforma digital de Spotify, el asunto es que su vigencia es una rea­lidad y el disfrute de su música alegra cualquier santo día. Allí su cualidad milagrosa.

Con siete años de silen­cio, García dejaba las ganas de escuchar algo que estu­viera librado de la influen­cia del vértigo, de la toxicidad de la droga que lo empujó a convertirse en un ser errático y estridente. Un desmoro­namiento artístico y humano que asustaba.

Esa espera terminó y Charly García ofrece el dis­co Random, un trabajo de diez canciones que eviden­cian un retorno a las fuentes, a épocas de los setenta y ochenta: voces melodiosas y letras sencillas, pero di­rectas a la emotividad.

Un regreso triunfal por ese lado: Charly García vive en todo sentido, ha demostrado que puede seguir com­poniendo. Random no será ungido como una geniali­dad, es, simplemente, un buen disco sin pretensiones. Atención, críticos.

El recuerdo de las primeras canciones que escuché de él en mi infancia tenía que ver con ese espíritu des­enfadado e irreverente. Suficiente para seguirlo.

Hoy sigue siéndolo, a su manera, tal vez más caute­loso, más sereno, aunque muy bien premunido de su conocida ironía. Un rasgo que determina su brillo.

Por eso, lo que toca ahora es disfrutar un poco de su nueva música. Ya habrá tiempo y más columnas para describir nuestro propio caos. Y como diría el propio Charly: “Siempre que llovió, paró”. Así que, por el mo­mento, agarremos el paraguas.

TAMBIÉN LEE

TAMBIÉN PUEDES LEER: