19 Abr, 2017

OPINIÓN | Luis Thais: ¿Descentralización?

La corrupción atraviesa nuestra sociedad y pasa por funcionarios, políticos, Poder Judicial, empresarios y ciudadanos. No culpemos a la descentralización de aquello...
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Por Luis Thais

Mucho se ha opinado estos últimos días sobre la descentralización, desde cuestionar su existencia, escasa capacidad y priorización del gasto de sus autoridades, hasta culparla por la corrupción existente.

La descentralización es la reforma del Estado más importante que se haya emprendido en los últimos años. Su creación y marco de funcionamiento fue aprobado por unanimidad por el Congreso y la Constitución Política del Perú la consagra como una política de Estado permanente y de cumplimiento obligatorio, cuyo objetivo es el desarrollo integral, armónico y sostenible del país. Lamentablemente, tres gobiernos la han abandonado.

Este proceso, según la Constitución, se inicia con la elección de autoridades regionales y municipales constituyendo gobiernos autónomos económica, política y administrativamente ejerciendo competencias y funciones del Estado, traspasadas por el Gobierno central. Crea regiones sobre la base de unión de dos o más departamentos con el objeto de ordenar el territorio, promover las inversiones y acercar el Estado a la gente.

Pasados 14 años, la descentralización es cuestionada por escasos resultados, incapacidad de gasto y por corrupción.

Sin embargo, la descentralización ha traído mayor acercamiento del Estado a los ciudadanos, lo que antes requería tramitarse en Lima, hoy se realiza en el nivel de gobierno más cercano a la población según las competencias y funciones que el Gobierno central haya transferido.

Mayor impulso a la inversión existe en muchas de las llamadas regiones y municipios especialmente provinciales. Hoy, visitando ciudades del interior, podemos notarlo. Resultado de esto ha sido el mayor crecimiento en provincias que en Lima y en varios departamentos han mejorado los indicadores sociales, comprobando así que el sistema funciona, aunque aún en muchas localidades no ocurra. El proceso indudablemente debe ser revisado.

Varias medidas debieron tomarse que el Gobierno central aún no aprueba, como la descentralización fiscal, por ejemplo, que reduciría la evasión tributaria.

Importante tema es cómo definir las prioridades de inversión, ya que existen proyectos cuestionables como construcción de edificios administrativos o monumentos en lugares donde no hay agua potable o alcantarillado y eso debe cambiar.

El MEF abiertamente centralista, dice que los gobiernos descentralizados no gastan su presupuesto. Sin embargo, es reconocido que el nivel de ejecución descentralizado supera al Gobierno central.

En cuanto a la corrupción, recordemos lo que pasa a nivel central con presidentes, ministros, congresistas y altos funcionarios. La corrupción atraviesa nuestra sociedad y pasa por funcionarios, políticos, Poder Judicial, empresarios y ciudadanos. No culpemos a la descentralización de aquello que debemos cambiar como sociedad.

Finalmente, según nuestra Carta Magna, la descentralización forma parte del Estado y del Gobierno, hay mucho que tratar al respecto que escapa a esta pequeña columna; pero evaluemos y corrijamos, buscando un nuevo acuerdo político para su óptimo funcionamiento.

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