OPINIÓN | Luis Angeles Laynes: Prevención, ya

Poco o nada se ha hecho frente a este gravísimo problema que Lima ha ido cocinando a lo largo de estos 43 años de silencio sísmico.
OPINIÓN | Luis Angeles Laynes: Prevención, ya

Lima, nuestra gigantesca y desordenada urbe, no sabe de un terremoto desde octubre de 1974; es decir, hace 43 años la capital del Perú no es remecida por un sismo superior al grado siete. En aquella oportunidad buena parte de Lima antigua, como los distritos del Rímac, Barranco, Chorrillos y el primer puerto del Callao sufrieron graves daños en su infraestructura. Se registraron, solo en Lima, 78 muertos y más de dos mil heridos; las pérdidas materiales se estimaron en 2,700 millones de soles de aquella época. El caos y el terror se apoderaron de la gente, pues las réplicas continuaron remeciendo el suelo limeño hasta tres meses después del evento principal.

¿A qué viene toda esta reflexión? A que Lima tiene dos importantes condiciones que la sumirían en un gigantesco cementerio si se presentara un terremoto de grado ocho y pico: la informalidad de las construcciones modernas y la precariedad de las antiguas. Según el Centro Peruano-Japonés de Investigaciones Sísmicas y Mitigación de Desastres (Cismid), un evento sísmico de grado 8.8 o 9 en la escala de Richter, no solo destruiría el 75 por ciento de la capital, sino que provocaría olas de hasta 10 metros de altura que arrasarían el litoral limeño en un tiempo de entre 15 a 20 minutos. Los distritos más afectados serían La Punta, Lurín, Villa El Salvador, Chorrillos (en la zona de Villa), mientras que por el norte Ventanilla y Ancón.

No se trata de meter miedo a la gente. Se trata de crear conciencia de prevención. ¿Qué harán los millones de habitantes que viven en casas que responden a la autoconstrucción? ¿Cómo se protegerán las personas que habitan en cerros con enormes rocas sobre sus cabezas? ¿Cómo se pondrán a salvo los vecinos de las decenas de solares tugurizados que ocupan manzanas enteras del Rímac, Cercado de Lima, Callao y otros distritos antiguos?

Poco o nada se ha hecho frente a este gravísimo problema que Lima ha ido cocinando a lo largo de estos 43 años de silencio sísmico. Ninguno de los gobiernos pudo ordenar la informalidad que campea en los conos de Lima, el descontrol de las invasiones, la tugurización de las viejas casonas que solas se van cayendo. No hay planes, no hay prevención, no hay nada de nada. Los simulacros que impulsa Defensa Civil solo se centran en el desplazamiento de las personas, más no en el ordenamiento de las viviendas ni en la reubicación de las personas que viven en viejos solares.

La naturaleza no avisa. Lo sentimos hace unos días con un temblor mañanero de 5,5 grados. Autoridades regionales, municipales y del gobierno central, ya es tiempo de que tomen las cosas en serio. ¿Qué esperan para desarrollar políticas de prevención? Mirémonos en el espejo del fenómeno de El Niño costero, ha pasado casi año y medio y de la tan ‘promocionada’ reconstrucción con cambios no se ha hecho nada. No volvamos a llorar sobre la leche derramada. Hasta mañana.

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