OPINIÓN | Luis Angeles Laynes: El terrorista nunca se arrepiente

La propia doctrina que los formó como subversivos los moldea de esa manera: obsesivos, calculadores, fríos y sanguinarios.
OPINIÓN | Luis Angeles Laynes: El terrorista nunca se arrepiente

Según la Constitución peruana, todo ciudadano tiene derecho a reinsertarse a la sociedad luego que ha cumplido su condena. Hasta ahí todo bien. De hecho, muchos exconvictos ya trabajan en diferentes estamentos de la sociedad luego de haber cumplido sus condenas. Pero si hablamos de presos que han purgado condena por el delito de terrorismo, la cosa es distinta. Este es un delito muy grave que le costó sangre y lágrimas del país, devastándolo hasta sus propias raíces para convertirlo en una nación presa del terror, la inseguridad y la angustia.

Y es que está comprobado que los terroristas nunca se arrepienten de lo que hicieron. La propia doctrina que los formó como subversivos los moldea de esa manera: obsesivos, calculadores, fríos y sanguinarios. Ese es el perfil del 95% de los subversivos que fueron puestos tras las rejas entre los 80 y 90 en nuestro país. Ellos declaraban que las cárceles eran “luminosas trincheras”, donde se seguía adoctrinando a sus militantes.

Es por ello que saludamos que el Congreso, casi por mayoría, haya aprobado el dictamen que plantea que los condenados con sentencia firme por los delitos de terrorismo y apología de este delito no puedan ingresar a trabajar al Estado. Sin duda el caso de la “asesora” de la congresista María Elena Foronda – Nancy Madrid Bonilla, exmilitante del MRTA– apresuró este documento que más bien el Parlamento demoró en aprobarlo.

No extraña tampoco que cuatro congresistas del Frente Amplio, Humberto Morales, Zacarías Lapa,  Hernando Cevallos y Rogelio Tucto, hayan votado en contra de este dictamen, alegando la inconstitucionalidad de esta norma, pues según ellos “todo ciudadano tiene derecho de reinsertarse en la sociedad”. Tampoco extraña que el legislador Justiniano Apaza, quien en una oportunidad dijo que algunos emerretistas eran presos políticos, declare ayer que dicha ley viola derechos. Claro, lo que no dicen es que estos “ciudadanos” no son pájaros fruteros o carteristas al paso, sino delincuentes sanguinarios que pretendieron poner de rodillas al Estado para imponer su ideología comunista.

Que los terroristas que cumplieron su condena trabajen en lo que quieran, que emprendan, que la suden como cualquier peruano, pero que no metan sus narices en el aparato estatal. Hace algunos años, el exjefe de la Dircote, general PNP Héctor John Caro, planteó la creación de un registro especial de terroristas excarcelados, donde tendrían que reportarse periódicamente e informar su domicilio y a qué se dedican. No es una mala idea, pero la legislación actual no contempla este tipo de seguimiento. De hecho, el Estado se encuentra con los “pantalones abajo” respecto a este tema.

Hay que tener muy en cuenta que esta gente nunca va a cambiar, porque este alejamiento de la lucha armada, según Abimael Guzmán, “es sólo un recodo en el camino”… eso hay que recordarlo. Hasta el lunes.

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