OPINIÓN | Liz Meléndez: Violencia contra las niñas y niños

Este es uno de los principales problemas que tenemos que enfrentar cuestionando las prácticas de crianza tradicionales, fomen­tando escuelas libres de discriminación.

Por: Liz Meléndez

La violencia contra las niñas, niños y adolescentes es una realidad la­mentable en el país. Este es uno de los principales problemas que tenemos que enfrentar cuestionando las prácticas de crianza tradicionales, fomen­tando escuelas libres de discriminación, y fortaleciendo el enfoque de derechos, intercultural y de género en las políti­cas públicas orientadas a esta población.

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), conjuntamente con el Ministerio de la Mujer, la semana pa­sada presentó la última Encuesta Na­cional sobre Relaciones Sociales (Ena­res), la cual evidenció la magnitud de la violencia hacia la niñez y adolescencia, los espacios más recurrentes de agre­sión, y la alta tolerancia que recubre a esta dolorosa realidad.

Según la Enares – 2015, el 73.8% de niñas/os entre 9 y 11 años en algún mo­mento de sus vidas ha sido víctima de violencia física o psicológica en el entor­no familiar. En la adolescencia, las agre­siones se intensifican, pues el 81.3% de adolescentes ha sido víctima de violen­cia entre los 12 y 17 años.

Las cifras referidas a la violencia se­xual confirman que son las adolescen­tes las principales afectadas por esta for­ma de discriminación. Según la Enares, el 34.6% de adolescentes alguna vez ha sufrido violencia sexual y el 19.9% fue víctima de esta forma de agresión en los últimos 12 meses.

El entorno familiar, el cual debería ser un lugar seguro, se convierte en un es­cenario violento si no se cuestionan las prácticas y relaciones de poder que se establecen en él.

La escuela es otro espacio que debe ser transformado para garantizar el de­recho de niñas/os y adolescentes a vivir libres de discriminación. Las estadísticas indican que 75 de cada 100 escolares menores de 12 años han sufrido agre­siones de parte de sus compañeros/as. Similares estadísticas fueron reportadas en adolescentes.

Tras el llamado ‘bullying’, se esconden situaciones estructurales de exclusión como el racismo, el clasismo, la homo­fobia y la violencia de género.

El mismo estudio evidencia que la to­lerancia a la violencia es alta, por lo que el trabajo empieza no solo por buscar sanciones, sino, fundamentalmente, por prevenir y cambiar los imaginarios que revisten las prácticas de crianza autori­tarias, así como fortalecer el principio de igualdad y no discriminación, y el respeto por las diversidades. Prevenir la violen­cia en las primeras etapas de la vida de las personas contribuye a generar socie­dades más seguras para todos y todas.

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