19 Ago, 2017

OPINIÓN | Julio Schiappa: Takanakuy y tiranakuy, en tiempos de cólera

"Este ejercicio del duelo a golpes es un mecanismo para desfogar tensiones y emociones retenidas, una manera de reencontrarse con los que estás peleado ..."

Por: Julio Schiappa Pietra

El mundo andino nos enseña medios para alcanzar el equilibrio entre fuerzas opuestas, caminos para recon­ciliar enemigos, vías para dejar el odio atrás.

Takanakuy es el nombre de un evento al estilo del “vale todo”, una ritual adonde todos los comuneros del distrito de Santo Tomás, en Chumbivilcas, dirimen sus diferencias. El evento abarca a todos, los que viven en el terruño, y, a los que vienen de la costa y otras ciudades del Perú. Si tienes que vengar un agravio, impedir que te ofendan con el robo de un amor o no te entregan com­pleto el ganado que compraste, una pelea es el camino para restaurar tu honor.

Lo más interesante es que las afrentas se borran en el día más sagrado del año cristiano, Navidad. En ese tiempo del año, a 3,660 metros sobre el nivel del mar casi siempre hay nieve, con lo cual la batalla riega con sangre las plazas de la ciudad. No hay jueces, árbitros, ni vigilantes; las familias y grupos de amigos organizan sus peleas y se retiran con sus heridos. Los duelos se pactan a veces de un año a otro, en pocos días, semanas o meses.

Este ejercicio del duelo a golpes es un mecanismo para desfogar tensiones y emociones retenidas, una manera de reencontrarse con los que estás peleado, de restau­rar la armonía en la comunidad.

No es un evento solo punitivo porque es seguido con frecuencia de gestos de reencuentro y conciliación, una manera sabia de restablecer la armonía.

Otro concepto andino, Tarinakuy, quiere decir “en­cuentro entre quienes se buscan”, es un evento pacífico de encuentro y celebración, entre amigos, parientes, coterráneos. Una comida y el baile ayudan a hacer muy grato el encontrarse. Tan grato que estos encuentros empáticos suman miles cada fin de semana u ocasión festiva que hay en el país.

Solo en Lima cada fin de semana se calculan 400 reu­niones de este tipo, unas 200 o más en el Valle del Man­taro. Celebrar es la gran receta para limitar la violencia y cultivar la armonía.

En estos tiempos de cólera que vive el Perú, necesita­mos encontrarnos con estas sabias herramientas de nuestro pasado y presente andino.

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