OPINIÓN | Julio Schiappa Pietra: Contrarreformas: infierno y purgatorio

Caso dos. Todos los años, miles de personas comprueban que tienen saldo a favor en sus declaraciones juradas de Impuesto a la Renta.
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El secreto de un buen gobierno suele estar en llegar a tiempo, con frecuencia debida, con foco de prioridades, adonde la gente necesita al Estado.  Es lo que quiere el actual gobierno.

Una ola de diabólicas contrarreformas, ideadas por los burócratas de varios sectores, va en contra del ánimo constructivo y reparador del Gobierno de Martín Vizcarra. Veamos algunos ejemplos.

Caso uno. En el mes de enero, mi amigo Javier presentó por teléfono un reclamo por facturación errada de la operadora ENTEL. Recién separado de su esposa, el divorcio llegó también al intercambio de líneas que, por conveniencia, decidieron años atrás. Uno pagaba el celular del otro. Fueron a ENTEL y algún funcionario de la empresa chilena equivocó el cambio: Javier terminó pagando su línea y la de su exmujer. Cuando Javier llamó para reclamar le dijeron que OSIPTEL ya no permitía reclamos telefónicos, había que ir de cuerpo presente a las oficinas de la empresa. Una contrarreforma que obliga a volver a usar un tiempo que nadie tiene y dejar de trabajar, para visitar al operador.

Caso dos. Todos los años, miles de personas comprueban que tienen saldo a favor en sus declaraciones juradas de Impuesto a la Renta. Muchos de los coactivos de la SUNAT colgados del cuello. Pero no puedes usar tu pago de más, demostrado con facturas, para cargarlo a tu deuda. En los dos meses que median para recibir tu resolución de SUNAT para reconocer tu derecho, los colectivos te pueden embargar. Otra contrarreforma cruel y arbitraria; quieres pagar y no te dejan.

Caso tres. La SUNARP, registros públicos, tuvo alguna vez el mejor sistema de atención al público de todo el Estado. Fue modelo de calidad para proyectos similares en todo el país.

Durante el segundo gobierno de Alan García, periodo de la superintendente Campuzano, se desarmaron procesos, se impuso el tarjetazo, los registradores perdieron autoridad, y se inició una ola de títulos falsos de propiedad que aún no cesa. Contrarreforma para regreso de prácticas del pasado, tuvo pleno éxito.

Caso cuatro. En el sector transporte hay casos de Ripley. Se acaba de encontrar, gracias a reporteros de un canal de televisión, que hay un chip en miles de vehículos, el cual permitiría tener información de la ubicación, modelo y características técnicas de todo el parque automotor. Hace 8 años se paga unos 250 millones anuales por el servicio, que ni siquiera está conectado a Internet.

“Nunca se coordinó para hacer viable el sistema”, afirma con desparpajo el funcionario encargado, convencido de la contrarreforma.

Cambiar el infierno es muy difícil porque su administrador tiene vida eterna. Pero, sin llegar al cielo, el Gobierno de Martín Vizcarra puede construir un buen purgatorio. Impidiendo que estos casos dejen de atormentar a la gente. Son contrarreformas que deben desaparecer.

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