28 Nov, 2017

OPINIÓN | Julio Schiappa: Los monstruos que nos esperan

Siendo la corrupción el mal que tiene hartos a los brasileños con sus políticos, promete acabar con el poder de los empresarios que armaron el desastre Lava Jato.

El gran desorden que vive el Perú puede tener consecuencias políticas diferentes a las que nos imaginamos y desatarse un régimen autoritario mucho más violento que ninguna de las dictaduras conocidas por tres generaciones de peruanos.

Rodrigo Duterte, antes de ser elegido presidente de Filipinas, fue un alcalde que decretó la pena de muerte contra corruptos, narcos y drogadictos en su distrito, armó escuadrones de la muerte y personalmente estuvo presente en la ejecución de rateros y otros delincuentes menores. Ganó las elecciones proponiendo matar en persona a traficantes de droga y seguir una política similar contra la delincuencia. Llamó hijo de p… al Papa por haber congestionado el centro de la capital filipina durante una visita pastoral… Se burló de la violación de una misionera extranjera,  declarando, “yo debí haber llegado primero”. Mantiene apoyo mayoritario (76%) de la población y es conocido como el “Monstruo del Pacífico”.

Jair Bolsonaro, candidato inesperado en las elecciones brasileñas, es un excapitán de la Marina y propone un esquema de gobierno similar al de la dictadura militar de los 70. Propone instaurar y generalizar la pena de muerte, limitar las libertades de prensa, sindicales, recortar los beneficios sociales y ser implacable contra la corrupción. Siendo la corrupción el mal que tiene hartos a los brasileños con sus políticos, promete acabar con el poder de los empresarios que armaron el desastre Lava Jato. A pocas semanas de lanzado este candidato, tiene 13% de la votación frente a Lula con 35%, y una gigantesca cantidad de juicios por corrupción.

¿Qué demuestran estos ejemplos? En primer lugar que la corrupción y el miedo al crimen están empujando a votantes desesperados a buscar soluciones atípicas, para canalizar su frustración con una democracia que no funciona e instituciones tan débiles que no le ofrecen amparo. El ejemplo de estos dos monstruos en Brasil y Filipinas surgió como la respuesta desesperada, sin derechos humanos o legales, para resolver necesidades urgentes. ¿Puede pasar en Perú? Podría, si seguimos en el camino actual, que no responde al miedo y deseos de la gente.