10 Ene, 2018

OPINIÓN | Julio Schiappa: El futuro no se divisa

El capital social es la capacidad que nace a partir del predominio de la confianza, en una sociedad o en ciertos grupos de ella.

La pérdida de la confianza es tan costosa como un terremoto lo es para el capital físico de un país, solo que en el caso de las sociedades se pierden los lazos y conexiones que unen a las instituciones y personas y a estas con el Estado. Es la destrucción del capital social, base de la democracia. Por eso sostengo que el cambio de gabinete, medida política de media caña, no expresa una solución para que los ciudadanos sientan que hay un puente entre el gobierno, sus intereses y la dirección del país.

 

El capital social es la capacidad que nace a partir del predominio de la confianza, en una sociedad o en ciertos grupos de ella. Abarca desde la familia y formas asociativas más pequeñas, hasta la nación. El capital social es creado y transmitido mediante mecanismos culturales como la religión, la tradición o los hábitos históricos. Esta es la base de la asociación y la cooperación de la llamada sociedad civil o sociedades comerciales y de todo tipo que existen en la democracia. La esencia de una comunidad de base está basada en un consenso moral previo que provee a los integrantes de estos grupos de la confianza mutua. Contra esos valores ha ido el tacu tacu de mezclar vacancia con indulto por decisión del gobierno estas navidades. Por la forma en que se inventaron argumentos y se negoció, en un solo paquete, la exoneración de PPK de una humillante vacancia contra la libertad de Fujimori, la gente ha lanzado vetos morales y éticos contra procesos que pudieron ser perfectamente válidos y legales.

 

El resultado es la presentación de una segunda vacancia contra el Presidente y un pedido para invalidar el indulto al señor Fujimori. Aprovechando la furia popular, ambas causas se vuelven viables en las manos de un grupo pequeño como lombriz, que quiere ser gigante con los errores ajenos… y pueden tener éxito por los errores del gobierno. En el fondo, un gobierno que no cree en el capital social y que por sus limitaciones éticas ha perdido la confianza de la población.

 

Por el lado del fujimorismo, la conmovedora causa filial de Kenji pierde candor y convocatoria cuando saca los colmillos para negociar espacio político para sus vengadores. Además, la presencia de consumados antikeikistas,  puede multiplicar los enfrentamientos y los actos de imprudencia, como la desproporcionada casota que consiguió para Fujimori y que ha traído dolores de cabeza al exhabitante de Diroes. Se necesitan negociadores  y su falta ha generado una considerable merma de votos, no es hora de subirse al mototaxi.

 

No es posible predecir qué ocurrirá en el mar de pasiones que hoy es el Perú, que no logra salvar 25 años de enfrentamientos políticos que van por su segunda generación. Y la mina pisada por el gobierno en Navidad deja una secuela de desorden, desilusión y, sobre todo, desconfianza.

Este último factor no ha sido tomado en cuenta por los solucionadores de problemas y asesores del gobierno. En estos días un asesor gringo terminó a gritos con el Presidente, misma Casa Blanca de Donald Trump.

 

Esto es un problema de emociones y no de gabinete No hay futuro mientras no se recupere la confianza del país.