5 Dic, 2017

OPINIÓN | Julio Schiappa: Cuerdas separadas vs. anticorrupción

Extraña paradoja cuando al fiscal le llueven los halagos de la prensa, de grandes sectores del público, pero quienes como periodistas hemos seguido el caso en los medios

La sesión de la Sala Penal Nacional del domingo 6 ha revelado todas las debilidades de nuestro sistema de fiscales anticorrupción representado por el acusador fiscal.

 

Extraña paradoja cuando al fiscal le llueven los halagos de la prensa, de grandes sectores del público, pero quienes como periodistas hemos seguido el caso en los medios, las larguísimas exposiciones de los defensores en turno dominical, no podemos menos que preguntarnos si una acusación, a todas luces improvisada, corresponde a la pena.

 

En primer lugar, el fiscal anticorrupción  cometió un error garrafal al sindicar al Ing. Gonzalo Ferraro como uno de los 5 accionistas de empresas en la lista negra. Ferraro no era ni accionista ni miembro del directorio de GyM, sino gerente de Operaciones subordinado al gerente general. El juez salió del problema ordenándole una medida restrictiva en la clínica, dado que padecía cáncer.

 

En segundo lugar, el fiscal anticorrupción tiñó de clasismo toda su acusación. Abiertamente, señaló que “por tener medios” los acusados presentaban latente peligro de fuga. Esa letanía llevó a la protesta masiva de todos los abogados defensores, que dijeron que el derecho moderno no admite criterios de este tipo.

 

En tercer lugar, la parte empresarial de su acusación, exudaba total ignorancia del proceso de conformación, operación de directorios, juntas de accionistas, sesiones de reparto de utilidades. Afirmó que era “sospechoso” que se firme un acta, cinco meses después de una sesión de Junta de Accionistas, siendo la regularización de actas de costumbre en el país. Terrible para un fiscal en un proceso anticorrupción con tanta carga de gestión empresarial.

 

En cuarto lugar, el navegar entre los procedimientos empresariales como el pago de utilidades diferido pactado con los piratas de Odebrecht. Ejecutan 2004-5, arreglan cuentas varios años después, con desniveles entre lo que recibe por beneficios cada empresa. La hipótesis central del fiscal es que fue este medio (reparto de utilidades) el mecanismo central para repartir la coima. Existen mil medios más ideados por los brujos brasileños.

 

Lo que me quedó evidente a mí (no abogado), es que una acusación con tantas fallas culmine en una medida preventiva tan dura.

 

Las cuerdas separadas son las que pueden arruinar el sistema anticorrupción, deben cortarse del buen árbol de la justicia.