7 Nov, 2017

OPINIÓN | Julio Schiappa: Claudia Dammert, al pie de la bicicleta

Se ha ido un ícono del arte teatral peruano, la mujer que se disfrazó de bandera el 8 de abril de 2000

“¿Será que la muerte es mi amiga desde hace tanto tiempo y por eso no me entristece su aparición? ¿Será que me entiendo semilla, flor, fruto, madurez, muerte, descomposición, para volver a un nuevo ciclo de vida? ¿Será que siento mi inmortalidad y sé que este cuerpo en el que ahora habito está solo en tránsito? Será por ello que cuando leo que alguien ha ‘muerto’ no me sorprende. Simplemente me digo: ‘Llegó su momento de partir, ya llegará el mío'”, escribió la actriz el 2 de noviembre. Nadie imaginaba que Claudia Dammert, moriría tan pronto, como una amazona griega, apenas trepada en su bicicleta.

Se ha ido un ícono del arte teatral peruano, la mujer que se disfrazó de bandera el 8 de abril de 2000, cuando el pueblo impugnó las elecciones con chanchullo y juró terminar con un régimen corrupto e injusto.

El  2 de noviembre, días más, días menos,  que escribió en su Facebook las frases precedentes, Claudia Dammert, estuvo en el programa de Beto Ortiz en un canal de televisión. Feroz, como corresponde, con los violadores. Con lucidez de estilete, dijo que estaban saliendo a la luz cifras de violaciones y violencia contra las mujeres que posiblemente existían hace mucho tiempo. La violencia contra la mujer estaba  debajo de la piel, en una manera de concebir la vida y la sociedad con las mujeres sometidas. Era un problema también de mala educación de los hombres atados al machismo y de mujeres adaptadas a éste. La clave era  buena educación sexual, instruir  a los niños en el respeto mutuo y cambiar el ambiente social violento por uno de libertad y concordia. Fue su último mensaje en la televisión. Queda, señor director.

Graduada del más exclusivo colegio privado de Lima, el Villa María, el mismo de la “China” Tudela. Fue un estereotipo al cual nunca se sometió, con su estilo de vida intensamente creativo y contestatario. Desde el humor de sus personajes de comedia, azote de las costumbres y prejuicios de pitucos y pitucas, hasta el erotismo, a veces insano e hilarante que criticaba el doble filo de la sociedad limeña. Cada obra suya era comentada en los medios de la religión conservadora. Lo cierto es que romper esquemas y, hacer pensar riendo o llorando, siempre fue un objetivo de su obra. Por eso murió al pie de su bicicleta.