10 Oct, 2017

OPINIÓN | Julio Schiappa: Cambiando el cuento de la historia

Nuestra historia está siendo revisada, por nuevos estudios que están descubriendo la verdad sobre el gran Imperio Inca, cómo el Perú llegó casi sin energías a la independencia, secuela de la rebelión de Túpac Amaru, motivando el ingreso de ejércitos extranjeros para lograrla.

 

Tampoco 13 súper manes derrotaron a Atahualpa en Cajamarca. Fueron miles de indios de tribus enemigas de los incas, esclavos negros y caribes traídos de Centroamérica, perros de guerra y el gran psicosocial de armas de fuego y caballos.

 

No fuimos cobardes, resistimos 42 años a la invasión española como lo relatan recientes libros sobre los últimos emperadores incas.

 

Hoy sabemos que la derrota de Atahualpa fue posible porque el Tawantinsuyu estaba en crisis, mucho más profunda que la que relatan los libros escolares. En primer lugar una gran epidemia de gripe y viruela redujo casi a la mitad la población del norte del país matando al propio emperador Huayna Cápac, padre de Huáscar y Atahualpa. Los virus fueron traídos por la primera expedición de Pizarro, desatando una hecatombe. Hoy las investigaciones le han puesto número a esta calamidad, según el historiador Javier Tantaleán, unos 4 a 5 millones de muertos, determinado su impacto feroz en los años iniciales de la invasión española.

 

Otro factor fue la crisis política. En su esfuerzo de montar un imperio a partir de la federación existente, los reyes del Cusco aplicaban tributos y la mita minera, así como el servicio forzado en el ejército, motivo de un descontento muy generalizado. Además, hoy sabemos que el Tawantinsuyu no era todavía un estado unitario, sino una federación de etnias y pueblos subordinados al Cusco, unidos por acuerdos que hicieron crisis con la invasión española. Esa crisis hoy es conocida al detalle para explicar la caída del imperio.

 

También se conoce al detalle la rapiña y reparto del botín en Cajamarca y en el Cusco: produjo 56 millonarios que se volvieron de la noche a la mañana los hombres más ricos de España.

 

Pero la búsqueda del oro y la plata no acabó allí, las minas se volvieron el propósito principal de la conquista. Como resultado, con las reformas del Virrey Toledo (1570) los nobles incas fueron reconocidos como intermediarios entre el estado y los indios. Un vasto territorio entre Huancayo y Puno pudo, vía el acuerdo con estos curacas, mantener las lenguas originarias, las costumbres y cultura, así como la lealtad a la memoria de los incas. Hasta la rebelión de Túpac Amaru II, seguida de un gigantesco genocidio y la destitución de la mayoría de curacas a cargo de los pueblos indios. Un brillante libro de Charles Walker, “La Rebelión de Túpac Amaru”, entre otros autores, da cuenta de esta vieja historia y la relata en una apasionante nueva versión.

 

Que tus hijos escuchen cuentos a partir de esta nueva historia y que no les cuenten que somos un pueblo de débiles y cobardes.