OPINIÓN | Julio Arbizu: Yeni en su laberinto

Vilcatoma entonces me lla­mó nuevamente. Esta vez de Lima. No aguan­taba más seguir en la Fiscalía. Cuando empezaba a tomarse en serio su trabajo la removían o censuraban.
(Foto. Jorge Cerdán)

Por: Julio Arbizu

Conocí a Yeni Vilca­toma hacia finales del año 2013. Ella era fiscal superior en Iquitos y tenía que defen­der una decisión del Minis­terio Público en esa jurisdic­ción. Se trataba del caso de corrupción más importante del gobierno regional de Lo­reto: las obras de alcantari­llado público en esa ciudad.

La fiscal Vilcatoma me lla­mó para pedirme que la Pro­curaduría tome parte en el incidente y defienda ante el Poder Judicial la posición de la Fiscalía. Días después tomé un avión a Iquitos e informé ante una sala superior que la posición de la Procuraduría coincidía en este caso con la del Ministerio Público. An­tes de regresar, conversé con Vilcatoma y ésta me confe­só que desconfiaba no sola­mente del Poder Judicial, sino también de la alta oficialidad de su propia institución, que ya le había pasado haber sido removida de Chimbote cuan­do empezó a investigar con seriedad el caso de La Cen­tralita, que esta vez iba a ir hasta el final con el caso de Yván Vásquez (el presidente regional de Iquitos que lue­go sería candidato al Parla­mento por el APRA) y que esperaba que esa convic­ción no le generara proble­mas. Su preocupación tenía asidero: una semana después de resolverse el incidente en el que informé, concedién­donos la razón y convalidan­do la diligencia cuestionada del Ministerio Púbico, el fis­cal de la Nación (José Peláez) la volvió a remover, esta vez a Lima Este.

Vilcatoma entonces me lla­mó nuevamente. Esta vez de Lima. Me decía que no aguan­taba más la idea de seguir en la Fiscalía. La habían trasla­dado a la jurisdicción de Lima Este y entendía que no la iban a dejar trabajar, que cada vez que empezaba a tomarse en serio su trabajo la removían o censuraban. Me pidió tra­bajar conmigo en la Procu­raduría. Como yo ya había renunciado (aunque todavía no se aceptaba mi dimisión) la recomendé para ocupar la adjuntía de la Procuradu­ría que iba a dejar Christian Salas para ocupar mi pues­to (movimiento que también recomendé).

Después vino lo del inne­cesario y exacerbado affaire con el ministro Figallo y, ahora, esta ópera bufa de su salida del fujimorismo luego de su previo amorío con el grupo político más corrupto de la historia del Perú. Una canta­ta a la incoherencia política. Como leí por ahí, no convir­tamos en víctima o heroína a quien no lo merece.

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