OPINIÓN | Julio Arbizu: La lucha es estratégica

Las organizaciones criminales dedicadas al tráfico ilícito de drogas o la corrupción se presentan muchas veces ante el Estado de una manera sólidamente articulada

Por: Julio Arbizu

Uno de los principales problemas cuando se trata de encontrar herramientas, instrumentos, actores o estrategias de lucha contra la corrupción es que a menudo se ha pensado que la corrupción se combate desde el Estado con un zar o una zarina anticorrupción, con un sujeto que pueda encarnar en su perfil, el arrojo de alguien que no le tema a nada, y la honestidad de un funcionario ejemplar.

El tiempo me ha enseñado que ninguna de estas dos condiciones, reunidas en una misma persona, ni su búsqueda, en el marco de un proceso serio de combatir la corrupción en los Estados, es suficiente o ni siquiera se aproxima al ideal de enfrentamiento que ponga en riesgo las principales fuentes de la corrupción.

El primer paso para eso es distinguir las intensidades de la corrupción. Sus formas, su incidencia y recurrencia. Es muy simple: si no conocemos al enemigo al que enfrentamos, nuestra batalla será la de un ciego dando bastonazos. En cambio, si sabemos cómo y dónde nos pega la corrupción, podremos combatirla con mayor eficacia.

La Procuraduría Pública Especializada en Delitos de Corrupción tiene desde el año 2012 una unidad de investigación que ha mantenido, entre otros datos, una matriz de información que arroja la data de cuántos casos se tiene, cuántos procesados hay y cuántas sentencias condenatorias se han dictado. Esa data no la tiene nadie más. Ella ha sido estudiada por la Procuraduría y cruzada con información de lugares de mayor incidencia delictiva. Si sabemos que determinada forma de criminalidad es más problemática en determinado sector, sabremos que hay que llegar allí con políticas públicas o política criminal que empiece a resolver los temas de fondo.  

 Las organizaciones criminales dedicadas al tráfico ilícito de drogas o la corrupción se presentan muchas veces ante el Estado de una manera sólidamente articulada. Es hora de que el Estado empiece a hacer lo mismo.

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