19 Abr, 2017

OPINIÓN | Juan Carlos Ruiz Rivas: ¿Comunicar o no comunicar?

La tragedia se agranda cuando los comunicadores públicos reducen la divulgación de sus malos mensajes a tres canales: publicidad, prensa y redes sociales.

Por Juan Carlos Ruiz Rivas

Llama poderosamente mi atención que políticos y tecnócratas coincidan en hacerse de la vista gorda cuando alguien cuestiona el gasto publicitario de los distintos niveles de gobierno. Como sucede hoy, cuando el congresista Arana se alarma porque la PCM invirtió en un mes cerca de 8 millones de soles durante la emergencia del norte del país.

¿Es realmente tanto el dinero invertido? En realidad es muy poco. El problema no está en el monto, sino en la calidad del mensaje. El problema ocurre cuando se confunde propaganda política y publicidad estatal, esa que diferencia entre promover la imagen del presidente u orientar al ciudadano en el buen manejo del aparato público.

Solo el gobierno nacional, este año, tiene un presupuesto de 105,570 millones de soles. Imaginemos que cada mes el costo de brindar servicios públicos cuesta al Ejecutivo unos 8797 millones de soles. ¿Cuánto representa estos 8 millones de soles en el universo de servicios y programas públicos que el Estado debe comunicar al mes para orientar a más de 30 millones de peruanos? Apenas un 0.09% de lo que cuesta ponerlo a funcionar.

Se requiere mucho más comunicación si realmente queremos medir el funcionamiento de los programas y servicios públicos. Sabemos que el problema está en la gestión. Hoy comunicamos mala gestión y una plataforma confusa y cargada de duplicidades.

La tragedia se agranda cuando los comunicadores públicos reducen la divulgación de sus malos mensajes a tres canales: publicidad, prensa y redes sociales. Olvidan una diversidad de otros canales que bien combinados y gastando menos tienen mayor impacto de comunicación y son más eficientes para llegar al corazón y mente de la gente.

El reto no es si comunicar o no comunicar. Esta es una discusión absurda, infértil y obsoleta. El reto es comunicar mejor y con eficiencia. Ello requiere reordenar la plataforma de servicios y programas públicos y concentrar la inversión publicitaria en aquellos que valgan la pena comunicar. No personas ni gobiernos de turno, sino instituciones públicas al servicio de la gente. ¿Qué estamos esperando? Hace más de 20 años que nuestros políticos y tecnócratas repiten la misma crítica estéril sobre la publicidad estatal sin encontrar una salida.

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