14 Dic, 2016

OPINIÓN | Juan Carlos Ruiz: ¿Diálogo de sordos?

A nadie importa, sinceramen­te, quién es el ministro que conduce esas políticas públicas. Importa tener trabajo y no sentirse desamparados por el Estado, ni de noche de día.
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Hace bien el Gobierno en descar­tar la cuestión de confianza para sostener al ministro de Educa­ción, aunque preocupa que este no anuncie ya que dará un paso al costa­do, e insistan en pedirle a la oposición que retroceda en su censura.

Si preguntas en la calle qué espera la gente, la respuesta es inmediata: servi­cios públicos eficientes en salud, educa­ción, generación de empleo y seguridad, por darle prioridad a problemas que hoy nos aquejan. A nadie importa, sinceramen­te, quién es el ministro que conduce esas políticas públicas. Importa tener trabajo y no sentirse desamparados por el Estado, ni de noche de día. Importa un Estado que funcione sin nombres propios, sin postu­ras extremas, ni conductas intolerantes. Y eso cuenta para quienes ejecutan, le­gislan y ejercen justicia. La institucionali­dad y la gobernabilidad no dependen de alguien en particular.

No entendemos, por ello, el tiempo que se tomó el presidente para evaluar este escenario de confrontación. Tampo­co su torpeza política para manejar la si­tuación. ¿Es tan difícil convocar a la opo­sición para ponerse de acuerdo respecto al rumbo que queremos seguir? En políti­ca, las dudas generan zozobra.

No comparto, por cierto, la situación ex­trema a la que llevó este diálogo de sordos. Si nuestros líderes no son capaces de en­contrar salidas al entrampamiento, tal vez deberíamos evaluar dejar en manos de ciudadanía el encontrar una solución. Hay quienes desde el Gobierno hubiesen pre­ferido este escenario. Que el presidente si­guiera su instinto áulico y agudice las con­tradicciones. Eso tendría sentido si tuviesen piezas de recambio para el gabinete y con­taran con el respaldo del país. ¿Qué perde­ría si estuviese tan seguro de que lo están boicoteando? En esa circunstancia, el pue­blo podría decidir la suerte de sus gober­nantes. Pero no es el caso. Ni por asomo.

Lo cierto es la clase política no puede taparse los oídos y poner en jaque la go­bernabilidad del país, olvidando que te­nemos una agenda de reformas estruc­turales que parecen importar muy poco a nuestros líderes de turno. Sería lamen­table que este escenario de disputa se re­pita constantemente, simulando más una pelea de callejón entre viejas chismosas, y no el ejercicio profesional de la políti­ca moderna que esperamos ver hoy en el comportamiento de nuestros líderes.

 

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