13 Oct, 2017

OPINIÓN | José Luis Tapia: Dios, la naturaleza y el libre mercado

Algunos ambientalistas y ecologistas encuentran escandaloso el mensaje de la Creación escrita en el libro de Génesis: Que la tierra ha sido encomendada al hombre para su aprovechamiento. Después que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, Él le encargó a Adán y Eva lo siguiente:
“Procread y multiplicaos, y henchid la tierra, sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre cuantovive y se mueve sobre la tierra”.

Este es el primer encargo, mucho antes de la caída del hombre, dado al ser humano directamente por Dios.
En el segundo capítulo del Génesis, Dios creó la tierra por amor al hombre y a la mujer, y fue más explícito que en el primer encargo: Ellos debían producir más de lo que aparecía en su puro estado natural. El pacto de Dios con Adán requirió de él ejercer el dominio sobre la naturaleza y, ser administrador de la creación con conocimiento de Dios.

Aunque hay muchas malas y buenas formas de hacerlo, debemos preguntarnos cuál es el marco institucional que permite a cada uno poder cumplir con el designio de Dios. Económicamente estaría entre alguna forma de planificación o de libre mercado.

Pero la experiencia ha demostrado que el Estado es un mal administrador de recursos. Una de las razones de esta afirmación es lo que ha sido denominado como la “Tragedia de los Comunes”. Poniéndolo en términos simples, si todos somos propietarios de algún recurso, ninguna persona tiene el incentivo de protegerlo o cuidarlo. Esto gráficamente se puede ver en el desastre ambiental de los expaíses comunistas. Aún más, el Estado tiene incentivos
para ser un pésimo administrador.

Por otro lado, la experiencia ha demostrado que el mercado es el mejor administrador de recursos. No solo les permite a sus propietarios aprovechar los beneficios de la combinación de sus recursos, sino que ofrece incentivos para que pequeñas minorías hagan uso de los recursos naturales. Por ejemplo, ya existen en el Perú, y de manera dispersa, zoocriaderos particulares y pequeños negocios de venta al público de canarios, pericos, perros, gatos; esto, sin contar con la fructífera industria de los pollos, pavos, y vacas.

Se nos ha dado la responsabilidad para administrar la creación de Dios. Hagámoslo bien, y consideremos que el rol del libre mercado puede colaborar con este mandato.