20 May, 2017

OPINIÓN | Jorge Villena: La política posverdad

El debate político ya no es entre partidos o líderes sociales. Ahora es entre individuos llamados comúnmente: “opinologos”...
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Por Jorge Villena

Recientemente la progresía interna­cional decretó el inicio de la era “Pos­verdad”, término este que es un eufemismo para la típica estrategia de manipula­ción y mentira: no importan los hechos, sino las emociones; que algo aparente ser real es más im­portante que lo sea. La informa­ción no va en dirección a la ver­dad sino en dirección al poder.

Hubo un tiempo en que los medios de comunicación ha­cían periodismo. Ahora los me­dios hacen activismo político y los informativos se volvieron programas de farándula con algo de noticias.

El debate político ya no es entre partidos o líderes sociales. Aho­ra es entre individuos llamados comúnmente: “opinologos”. Los hay de todos los gustos y tenden­cias: han faranduleado la políti­ca, se representan a sí mismos y se ocupan de las formas más no del fondo, no debaten sobre ideas sino sobre personas.

La crisis de partidos políticos tiene como principal consecuencia la carencia de espacios para escuela de formación de políticos y, por otro lado, el desprecio por la actividad política partidaria: no se consi­dera un oficio al que deba dedicarse tiempo y esfuerzo en capacitarse, adquirir habilidades y experiencia. La activi­dad política en nuestro país tiene nivel de deporte de aven­tura o juego de azar: para ser premiado, el único requisito es comprar un huachito.

PPK llega al poder con un partido “posverdad”, que apa­renta ser real, pero en cuyas filas no se ha formado un solo congresista o ministro de su gobierno. Todos provienen de distintas trayectorias e inte­reses. La carencia de soporte partidario o cuadros políticos lo hace dependiente del com­plejo entramado de alianzas que tejió en la segunda vuelta.

Un poderoso presupuesto en publicidad estatal unido a importantes agencias de mar­keting pone a disposición del gobierno todo tipo de medios de comunicación y redes so­ciales, periodistas-activistas, tuiteros, blogueros, opinolo­gos y actores, que suplen la carencia de organización polí­tica y cuadros.

Peligrosa dependencia gobierno-medios, pues estos responden a poderosos gru­pos empresariales con inte­reses económicos y políticos concretos. El gobierno no debe permitir que la agenda po­lítica la pongan los medios, porque ellos antepondrán sus intereses, enfrentarán al gobierno inútilmente y prioriza­rán debates, energías y recursos en temas impopulares; cuando el gobierno caiga en desgracia, se acomodarán con el siguiente, pues ellos nunca pierden.

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