19 Dic, 2016

OPINIÓN | Jorge Tineo Rendón: ELP: Solo queda la P

Las palabras de Carl Palmer (66), publicadas en su cuenta de Facebook, son más que elocuentes...

Las palabras de Carl Palmer (66), publicadas en su cuenta de Facebook, son más que elocuentes: “Tengo afectuosos recuerdos de aquellos grandiosos años que pasamos juntos en los 70 y de muchos conciertos memorables que hicimos. Perder a Keith y Greg ha hecho que este año sea particularmente difícil para todos nosotros”.

Se refiere, por supuesto, a los fallecimientos de Keith Emerson (71) y Greg Lake (69), ocurridos en los meses de marzo y diciembre de este 2016 que no deja de entristecer a los melómanos del mundo con sus noticias luctuosas.

Los tres formaron Emerson, Lake & Palmer –o simplemente ELP-, banda que conmocionó a la escena mundial con su irreverente y muy estudiada combinación de agresividad psicodélica con rigor académico, que sacudió a más de un purista en ambos campos.

Mientras los rebeldes fanáticos del rock los tacharon de “pretensiosos”, los acartonados expertos en música clásica no aceptaron escuchar composiciones de Bach, Ginastera, Mussorgsky o Bartok interpretadas por tres melenudos con el torso descubierto en estadios y festivales para desadaptados y hippies.

Entre 1970 y 1978 ELP lanzó ocho álbumes que conforman una de las discografías más ambiciosas del rock. Emerson, Lake y Palmer habían iniciado sus carreras en The Nice, King Crimson y Atomic Rooster, respectivamente, bandas pioneras de esa combinación entre rock y música clásica que después se rotularía como “rock progresivo”. El trío llevó este género a su máxima expresión, representando todas las virtudes y excesos del mismo.

Keith Emerson, pianista y tecladista de ilimitada destreza y frenética presencia escénica, se suicidó el pasado 10 de marzo, debido a una fuerte depresión ocasionada por una enfermedad neurológica degenerativa que le impedía seguir tocando.

Por su parte Greg Lake, poseedor de una poderosa voz de barítono y sofisticado talento para la construcción de melodías para guitarra y bajo, falleció el 7 de diciembre, víctima del cáncer.

Ambas muertes dejaron solo y devastado a Carl Palmer, extraordinario baterista y último vértice de aquel triángulo perfecto de rock progresivo que dejó brillantes discos como Pictures at an exhibition (1971), Trilogy (1972) o Works Vol. I & II (1977).

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