OPINIÓN | Javier Barreda: La “mano dura” de la poquita fe

Los peruanos pierden la fe cada día. La sensación del incremento de la corrupción lo reportan las encuestas y está en la calle...

Por Javier Barreda

Los peruanos pierden la fe cada día. La sensación del incremento de la corrupción lo reportan las encuestas y está en la calle. De acuerdo a la encuestadora GFK (febrero 2017), el 52% de peruanos consideran a la corrupción como un problema de mayor importancia, aun después de la delincuencia, que es percibida como el primer problema por el 60% de encuestados. Estos dos fenómenos son los más sentidos, percibidos y constatados en la vida cotidiana de los peruanos de “arriba” y “abajo”. Los destapes de corrupción de Odebrecht, Graña y Montero, y más empresas brasileñas y peruanas, entrelazadas a políticos, tecnócratas y estudios de abogados, achican la legitimidad ciudadana por la democracia y sus instituciones. Resultado parcial: los políticos y la política más discutidos que antes.

De acuerdo a GFK, el 74% de encuestados cree que la corrupción puede presentarse en cualquier Gobierno, sin importar su tendencia ideológica (izquierda, centro o derecha) y el 68% considera que puede darse por igual en un Gobierno (democrático o autoritario). La política como actividad está constatando una mayor pérdida de legitimidad: el 84% considera que “muchos están en la política sólo por los beneficios que puedan obtener una vez que ingresan” y el 74% piensa que “todos los políticos son malos, sólo que algunos son peores que otros”. La poquita fe de los peruanos es más evidente cuando el 61% afirma que “ninguna persona puede esperar seguir siendo honesta una vez que entra a la política” y el 59% asume que “sin importar por quien vote, todos los candidatos son corruptos y esto no va a cambiar”.

¿Y esto va para todos los que deciden formal o informalmente en el poder? ¿O es sólo para los actores políticos de partido? Falta saber si incluye igual al político “nuevo” o “independiente”; a un congresista o todo alcalde. Por otro lado, ¿se puede comparar la deslegitimad de la política con la mucha o muy poca fe de la ciudadanía sobre grandes empresarios, tecnócratas, funcionarios, extrapolando las mismas preguntas para estos? Por ejemplo, ¿cuántos peruanos estarían de acuerdo con aquello de “los empresarios están en política sólo por los beneficios que se puedan obtener una vez que ingresan” o “todos los empresarios son malos, sólo que algunos son peores que otros”? Sucesivas encuestas de Pro-Ética han reportado la alta desaprobación empresarial. El aporte de GFK es importante, pero un abanico más integrado de preguntas sobre los actores (políticos, empresarios, tecnócratas, etc.) ayudaría a responder mejor a la confusión y desafecto nacional que vivimos.

Finalmente, atentos. El 61% de los peruanos consideran que para combatir la corrupción es mejor “un Gobierno de mano dura” y el 30% considera que, “pese a todo, la democracia es la mejor forma de gobierno” para combatirla. Tarea inmensa, recuperar para la democracia la legitimidad frente a la “idea de la mano dura”, inicialmente, devaluada por quienes enarbolaron en el 2000 un discurso antiautoritario “éticamente superior” y terminaron pidiéndole a Odebrecht 30 millones de dólares. Cuidado que el “outsider anticorrupción” nos traiga a Laura Bozo como principal asesora, volviendo patéticamente al pasado.

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