OPINIÓN| Jaime Villanueva: Esperanza frente a lo siniestro

Llegará el momento en que los que pudieron hacer algo por evitar todo el daño y no lo hicieron arreglen sus cuentas con su conciencia, con la justicia y con la historia.

Por Jaime Villanueva

El alma es el principio que defiende a la materia de la corrupción. Y cuando Cicerón escribe que “la naturaleza dio al puerco, en lugar de sal, un alma para que no se pudriera” nos manifiesta con claridad que aquella defensa no es fácil. Sino que se trata de una guerra incesante contra la inercia, la molicie, la parálisis, la pereza y la apatía.

Si el cuerpo tiene un alma, la sociedad tiene una cultura política. Y ambas siempre  pueden tender al mal, a lo siniestro. Aún en momentos en que fuertes sentimientos de solidaridad, fuerza y entrega nos unen ante la tragedia ocasionada por el fenómeno de El Niño, debemos estar prevenidos ante lo siniestro. Por ejemplo, cuando dirigentes abyectos usen la desgracia para cosechar réditos o cuando más preocupados por su imagen individual se gastan en acusaciones e improperios que solo denotan su bajura de gentes.

El panorama actual en el país, lamentablemente, es desesperanzador. Por un lado, la naturaleza nos ha enrostrado –una vez más– que no solo no estamos preparados, sino que tampoco organizados socialmente para un cataclismo. Por otro, nos revela años de parálisis y corrupción de quienes fueron llamados a hacer algo para prevenir este desastre social y no lo hicieron. Aunque no es momento de acusaciones, tampoco se puede negar que la responsabilidad, en mayor o menor grado, es de todos. Los unos por no estar a la altura de sus responsabilidades, y los otros por elegir a ese tipo de autoridades.

Sin embargo, lo siniestro puede ser conjurado por lo afortunado y nosotros, como colectividad, tenemos la dicha de tener una larga historia signada por el trabajo comunitario. Lo poco de historia que hemos construido más bien niega nuestro pretendido individualismo. Eso se puede ver en la solidaridad y unión mostrada por políticos y ciudadanos, militares y civiles, religiosos de todos los credos y una vigorosa comunidad que sabe reaccionar ante el desastre anteponiendo la vida sobre la muerte, que también significa lo siniestro.

Llegará el momento en que los que pudieron hacer algo por evitar todo el daño y no lo hicieron arreglen sus cuentas con su conciencia, con la justicia y con la historia. Ahora es el momento del ánimo ante la adversidad, de la esperanza frente al desastre. Es el momento de renovar nuestras fuerzas en la confianza en nuestras propias capacidades de salir adelante.

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