OPINIÓN | Guido Aguila Grados: ¡Upps… Sorry!

La carne fue incautada para ser sometida a un análisis toxicológico por parte de la Policía Nacional del Perú.
OPINIÓN | Guido Aguila Grados: ¡Upps… Sorry!

Todos recordamos aquella noticia del 18 de enero de este año en la que se nos informaba de la supuesta comercialización de carne de perro en un restaurante de comida china en el distrito de Independencia. A un ciudadano de nacionalidad china –dueño del restaurante– se le había encontrado en su auto una bolsa con carne y a un perro vivo dentro de un saco. Desatándose la indignación de personas que afirmaban que la carne hallada era de este tipo de animal. Varias personas ingresaron al local, indignadas, gritando a los comensales que lo que estaban cenando era carne de perro; además de querer agredir al ciudadano chino.

La carne fue incautada para ser sometida a un análisis toxicológico por parte de la Policía Nacional del Perú. Mientras se realizaban las pesquisas, se había dejado la sensación de que todos los ciudadanos chinos comían carne de perro. Por ende, ir a un restaurante chifa ya no sería la mejor opción. Se respiraba en el ambiente un aire xenófobo y, a la vez, algunas personas ya habían sentenciado el hecho dando por cierto los rumores, opiniones e informaciones. Hasta hicieron una parodia de este hecho en la televisión, en horario estelar. Finalmente, el 2 de febrero se informó que los resultados arrojaron que se trataba de carne de res. Sin embargo, el daño ya estaba hecho.

A pesar de que existe un principio establecido por la Constitución Política de 1993: que toda persona es inocente mientras no se haya declarado judicialmente su responsabilidad (presunción de inocencia), aquel principio se encuentra divorciado del imaginario social. Por el contrario, existe un principio de culpabilidad que está inserto en nuestro ADN popular, por el cual estamos acostumbrados a juzgar antes de tiempo sacando nuestras propias conclusiones en forma apresurada con solo ver o escuchar algo. Lo que nuestra sociedad no se da cuenta es que afectamos los derechos fundamentales de otros ciudadanos que también tienen derecho al honor y a la buena reputación. Este es también un mandamiento constitucional que, lamentablemente, parece no importar porque no se enseñan estos valores constitucionales.

Este panorama solo nos confirma que iniciativas políticas populistas e irresponsables, además de ser inconstitucionales, resultan inviables en la realidad porque no estamos a la altura de las condiciones ni contamos con el compromiso serio de respetar los derechos de los demás, ni mucho menos cumplir con nuestros deberes. Es lamentable que primero juzguemos y castiguemos socialmente para luego darnos cuenta de nuestro error y, finalmente, decir ¡Upps… Sorry! creyendo que es suficiente para reparar el daño causado. Meditemos en este tipo de situaciones y no solo reconozcamos, sino también asumamos los errores. Nos hará bien como personas y como nación.

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