OPINIÓN | Miguel Ángel Torres: Falsas críticas al semáforo nutricional

Se dice, por ejemplo, que afectaría su aplicación para niños y adolescentes. Eso también es FALSO.
OPINIÓN | Miguel Ángel Torres: Falsas críticas al semáforo nutricional OPINIÓN | Miguel Ángel Torres: Falsas críticas al semáforo nutricional

Este miércoles, el Congreso aprobó el proyecto sobre la Ley del Semáforo Nutricional. A pesar de reiteradas explicaciones vuelven a escena una serie de afirmaciones que no son ciertas.

Se dice, por ejemplo, que es confuso para el consumidor porque tiene 329 combinaciones. Esto es FALSO. El semáforo usa tres colores básicos que son comprensibles hasta por niños de educación inicial. Son el verde, amarillo y rojo que representan pase, cuidado y alto. Esta simbología es fácil de entender para el consumidor. Si quiere conocer mayor detalle puede revisar cuántas kilocalorías, sal, azúcar y grasas tiene un producto, y qué tan alto o bajo estaría su consumo; a diferencia de la propuesta del Ejecutivo que no da mayor información.

Se dice, por ejemplo, que afectaría su aplicación para niños y adolescentes. Eso también es FALSO. Los plazos para su entrada en vigencia son acotados. La ley aprobada ordena su reglamentación en máximo 90 días y su entrada en vigencia a los 60 días de aprobado el reglamento. Es responsabilidad del Ejecutivo emitir el reglamento rápidamente para que pueda entrar en vigencia pronto.

Se dice también que el Semáforo Nutricional favorecería a las grandes empresas. FALSO. Favorece al consumidor, conforme ordena la Constitución, porque al darle información suficiente le permite tomar mejores decisiones de consumo y tener bajo su propia decisión una alimentación saludable. El Semáforo Nutricional le impone a las empresas e industrias obligaciones, pues ahora tendrán que ofrecer toda la información relevante y de fácil comprensión al público sobre sus productos, utilizando todos los canales de información posible, incluidos los tecnológicos.

La ley aprobada tiene sustento en los valores señalados por la propia OMS y la FAO contenidas en el Codex Alimentarius. Busca brindar información al consumidor que le permita decidir qué productos consumir y en qué cantidades. El objetivo es lograr una alimentación saludable y balanceada.

En el extremo de la crítica sin sentido, cuestionan el modelo aprobado por el Congreso diciendo que no advierte de grasas trans. Esto también es FALSO. La ley aprobada ordena advertir en la etiqueta del producto si contiene grasas trans en forma destacada.

A diferencia del caso chileno, que muchos han puesto como modelo a seguir, consideramos que el uso de una simple señal de ALTO (como ocurre en Chile) llevaría al consumidor a tomar decisiones erradas, debilitando la legislación de alimentación saludable. Chile es el país con más sobrepeso de Latinoamérica, donde un 63% de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad.

El trabajo realizado por el Congreso es serio y técnico. No está enfocado en proteger a la industria, sino todo lo contrario. Está pensado en el consumidor, tiene foco en él, en una buena alimentación y buena información para que esté plenamente satisfecho y no sea sorprendido por publicidad engañosa o información incompleta.

 

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