OPINIÓN | El 11-S: mañana siniestra, por Gustavo Pino

La confusión que se vivió el «11-S» aún perdura. Es difícil desprenderse de esa sensación, de los rostros de periodistas tratando de describir sucesos inenarrables...

Los espacios de una ciudad tienen memoria, son como cajitas que algunos no prefieren abrir. Frágiles. Sensibles. El World Trade Center de Nueva York es uno de esos lugares. Alguna vez alguien me comentó que pasar por ahí era imaginar la escena del 11 de setiembre de 2001. «Es inevitable no pensar en las Torres Gemelas», dijo. En el momento en que aviones de la compañía American Airlines impactaron contra ellas, el mundo se paralizó. Pánico recorriendo las venas de la ciudad abatida. Nadie imaginaría que los edificios acabarían derrumbándose dos horas más tarde, y, mucho menos, que perecerían 3 mil personas y otras 6 mil resultarían heridas.
Hoy se cumplen 17 años del ataque terrorista perpetrado por Al Qaeda. Uno de los más sangrientos, el peor sufrido en su historia por Estados Unidos. Los trabajadores, personal de emergencia y cuerpos de seguridad que quedaron sepultados en los escombros son la muestra del despiadado ataque. Especialistas señalan que la humareda tardó alrededor de cien días en desaparecer.
¿Se imaginan a 40 mil personas en el interior de las edificaciones tratando de huir luego del primer impacto? La imagen debe ser lo más cercana al infierno. Tenía 10 años cuando la abuela gritó, en el cuarto de la bisabuela, que se nos venía la Tercera Guerra Mundial. Los noticieros transmitían los cuatro atentados: los dos aviones contra las Torres, un tercero estrellándose contra una de las fachadas del Pentágono, en Virginia, y un cuarto que no alcanzaría su objetivo (el Capitolio de EE.UU., en Washington) cayendo en campo abierto. En ese momento supe que la vida siempre fue cruel y despiadada. Muchos preferiríamos paralizar el tiempo antes de las 9:00 horas de ese día, esperando que nada ocurriese, que todo continuara.
El personaje más buscado era Osama bin Laden. La respuesta del por entonces presidente George Bush fue capturarlo. La acción militar en Afganistán era inevitable. Las tropas de coalición generaron tensión en el ambiente político y social. Pasarían casi diez años para que unidades de élite capturaran a Bin Laden en el noreste de Pakistán.
La confusión que se vivió el «11-S» aún perdura. Es difícil desprenderse de esa sensación, de los rostros de periodistas tratando de describir sucesos inenarrables, de un segundo avión estrellándose en la edificación gemela a la que se incendiaba y personas tratando de huir. Era claro que ya no se trataba de un accidente, como se quiso creer en un inicio. La vida siempre nos quita la venda de los ojos salvajemente. ❖

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