OPINIÓN | Eduardo González Viaña: Leer a Corín Tellado en el Cusco

¿Ha leído usted a Corín Tellado? Ciento cincuenta varones recibieron esta pregunta en la Feria Internacional del Libro de Cusco. Algunos sonrieron nerviosos...

¿Ha leído usted a Corín Tellado? Ciento cincuenta varones recibieron esta pregunta en la Feria Internacional del Libro de Cusco. Algunos sonrieron nerviosos. Otros prefirieron callar. Solo los escritores Luis Nieto Degregori, Enrique Rosas Parravicino, Mario Guevara, Róger Rumrill y el actor Aníbal Zamora respondieron estentóreos que sí… como si fuera esta su última palabra.
Ante Corín Tellado, los varones peruanos solo tenemos dos caminos. El primero es confesar honestamente que la leímos, y amenguar el efecto de esta revelación explicando que no había otra lectura además de Vanidades en la sala de espera del dentista. El segundo es llevarnos a la tumba ese secreto. Para no tener que incluir esa confesión en mi testamento, declaro aquí solemnemente que leí a Corín, o más bien que devoré con avidez todo lo que de ella cayó en mis manos dentro de mi irrefrenable adicción juvenil a la lectura.
¿Y qué tiene que ver eso con los problemas del país?
La primera novela de esta asturiana de Gijón data de 1946 y pertenece a una España hundida en la exasperante pobreza de la postguerra. Es obvio que las españolas de entonces y sus coetáneas hispanoparlantes del otro lado del mar, en vez de tostarse con insolencia y descaro en la Costa Azul se cubrían la cabeza con una modesta mantilla antes de entrar en la iglesia.
Sin embargo, lo que Corín Tellado retrata es lo que esas mujeres desean ser y hacer, y lo que propone es un cambio tan veloz como un huracán para una mujer que en esa época solo podía ingresar en el mundo del trabajo como enfermera, peluquera, maestra, secretaria o modista.
Corín era su propio personaje. Como no estaba desesperada por casarse a los 18, lo hizo mucho después de los 30. Cuando reparó en que su marido “no la conocía”, lo abandonó.
Sin romper con las estructuras sociales de la época, los libros de Tellado -en los que abundan mujeres separadas, independientes y trabajadoras- preparan a la mujer hispanoparlante para los cambios modernos que llegarán mucho más tarde.
En la feria del libro del Cusco participaron veinte mujeres. Había entre ellas novelistas, poetas, antropólogas, artistas plásticas y doctoras en historia. Por su parte, las cusqueñas del público no estaban comprando necesariamente manuales de repostería.
El Perú actual tiene las brechas de género más amplias de la región en salud y supervivencia de mujeres. Las niñas se vuelven adultas más temprano porque asumen la maternidad, toman la carga del trabajo doméstico de su casa y abandonan la escuela.
Además, las mujeres ganan el 30% menos que los varones. Y por fin, cada cuatro minutos una mujer es víctima de violencia por su esposo, conviviente o compañero.
En Cusco, sentí más que en otra feria del país que las participantes representaban a plenitud a la mujer que reclama equidad de género. Saben que vivimos en un país que no es moderno ni justo, y que tampoco será civilizado mientras funde su futuro en el acta de un dictador y no en una constitución democrática. ❖

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