6 May, 2017

OPINIÓN | Carlos Trelles: La reforma de los dinosaurios

Tienen mayoría congresal en las comisiones y en el Pleno, y por lo tanto, son capaces de cualquier abuso con tal de ver a Keiko Fujimori en palacio...

Por Carlos Trelles

Se cocina la reforma de los dinosaurios.

El APRA y el fujimorismo están buscando dejar fuera de carrera a todas las nuevas fuerzas políticas que buscan participar en las elecciones regionales y municipales del 2018, y en las presidenciales del 2021.

Quieren que se eleve –a la Comisión de Constitución y luego al Pleno del Congreso para su aprobación– una propuesta que exige a todos los  partidos con candidato aspirante a la presidencia que su inscripción haya ocurrido tres años antes de las elecciones correspondientes. Para las elecciones regionales y municipales, plantean demandar un año previo de inscripción.

Los dinosaurios torpedean a quienes, como Julio Guzmán o Verónika Mendoza, lideran proyectos de construcción partidaria y aparecen con protagonismo expectante en todas las encuestas.

Han decidido, además, ningunear la propuesta del Ejecutivo de disminuir (de 4 a 1%) el porcentaje de firmas del universo de electores que permite la inscripción partidaria. En Colombia y Ecuador la cifra es de 2%, en Chile de 0.5%.

El intento es escandaloso por arbitrario y torpe, pero así enfrentan los dinosaurios la necesidad urgente de una buena reforma electoral. El tema es que tienen mayoría congresal en las comisiones y en el Pleno, y por lo tanto, son capaces de cualquier abuso con tal de ver a Keiko Fujimori en palacio.

Fue Mauricio Mulder quien presentó –a la subcomisión de Trabajo que elabora el proyecto base de la reforma dinosáurica– la propuesta de uno o tres años precedentes de inscripción partidaria según el tipo de elección. Juega para Alan García buscando facilitarle un nuevo intento de hacerse presidente, o quizá honra algún acuerdo de “buen trato al investigado” por parte de la comisión Lava Jato del Congreso.

Mulder violenta la justa competencia democrática, lo que dialoga con sus reiteradas formas matonescas y su habitual cinismo.

Por su parte, Patricia Donayre –presidenta de la subcomisión mencionada– no tiene idea del daño que ocasiona a la democracia, ni capacidad para explicar razones de reforma política con mínima consistencia. Desde luego, sí es consciente de sus intereses inmediatos, por eso pecha con lugares comunes cuando la evidencian.

El ánimo fraudulento es indiscutible: nada garantiza que los años de inscripción previos a las elecciones o el número de firmas solicitado generen partidos sólidos. Pero los dinosaurios no buscan calidad democrática, sino permanecer en el poder a cualquier precio.

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