29 Abr, 2017

OPINIÓN | Carlos Trelles: La imposibilidad conciliatoria de PPK

PPK plantea olvido y perdón, pero genera rencor y convulsivos recuerdos...

Por Carlos Trelles

Pedro Pablo Kuczynski no tiene la pulcritud moral ni el peruanismo necesario para llevar a cabo la delicada gestión de la reconciliación nacional.

Tiembla frente a la mayoría fujimorista que hoy está contenida luego del trágico fenómeno El Niño, y que muy pronto le volverá a mostrar los colmillos. Teme porque es casi indiscutible su conocimiento de las corruptelas de Alejandro Toledo cuando fue su ministro. Y sabe que esto puede implicar vacancia.

No entiende que el injustificable fanatismo criminal de los terroristas fue resultado de 300 años de esclavitud colonial y casi dos siglos de violencia e infamia contra el mundo rural. No comprende que esa enfermedad debe curarse con sabiduría de gobierno, jamás desconociendo el humano rencor del otro.

Su cálculo simplista contempla dos adversarios: uno sin poder (las víctimas mortales de la violencia) y otro que lo condiciona a partir de su muy probable complicidad pasiva con Toledo, una malintencionada mayoría congresal, y un importante porcentaje de ciudadanos que consideran que los crímenes del fujimorismo respondieron a la delicada situación política en la que nos encontrábamos.

En ese esquema, PPK decide obviar a los primeros y comprometer públicamente a los segundos. Lo hace con una discutible condecoración de heroísmo democrático, una mención a los Fujimori que sugiere virtudes y un proyecto de ley que mejora las condiciones carcelarias del expresidente preso.

Corresponde una mirada bastante más humanista: todos las partes del conflicto son, de algún modo, víctimas de nuestra infortunada historia. Muchos murieron sin culpa (los caídos civiles y sobre todo los campesinos), mientras otros tienen un altísimo grado de responsabilidad directa en los crímenes: los aparatos represivos del Estado y los terroristas en indiscutible primer lugar. Es injusto y contraproducente simplificar esta realidad.

PPK debería, primero, garantizar la reparación de las miles de víctimas civiles –mayormente rurales– y en nombre del Estado convocar a toda la clase política para pedirles perdón. Y luego, en dicho consenso altruista, abrir un debate sobre si la gobernabilidad democrática puede demandar, a veces, flexibilizar las condiciones carcelarias de un expresidente que cumple condena por complicidad criminal. El indulto, obviamente, no cabe.

El presidente está imposibilitado de hacer esta convocatoria peruanista, conciliadora y republicana, pues podría enfurecer a sus reaccionarios oponentes, y carece de pulcritud moral para defenderse.

PPK plantea olvido y perdón, pero genera rencor y convulsivos recuerdos.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

#Tags Relacionados

,