OPINIÓN| Carlos Jaico: Crisis de representatividad y recuperación de la soberanía popular

Y en esta labor, tendrá como mejor aliado al referéndum.

La noche del 14 de julio de 1789, Luis XVI descansaba en sus aposentos del Palacio de Versalles, cuando un asustado Conde de Larouche Foucault vino a advertirle sobre las marchas y revueltas en París. Indiferente y acostumbrado a arreglar estos temas con la represión, Luis XVI le preguntó: ¿Es una rebelión?, a lo que el Conde respondió: No Señor. Es una revolución.Totalmente alejado de la realidad, es en ese preciso instante que Luis XVI firmó la sentencia que lo llevaría a la guillotina. Como sus antecesores, que nadie eligió, vivió apartado de la vida del pueblo francés, el cual solo pudo expresarse a través de la indignación e incontenible violencia.

Desde la Revolución francesa hasta nuestros días, idénticos episodios riman la historia de la humanidad y viajan en el tiempo fundamentando las crisis sociales y rebeliones que conocemos. Podrán haber cambiado los personajes, pero llega un momento en que el representante –elegido– no representa más al representado que lo eligió. Este fue el claro mensaje que 85% de peruanos dieron en el referéndum.Así, la crisis de representatividad como tema de fondo está vigente en Perú y otras latitudes. En Francia, hoy es el Palacio del Elíseo, sede de la Presidencia de la República francesa, que se desea asaltar. Los “chalecos amarillos” (Gilets jaunes) protestan contra el costo de vida y esa clase política que dice representarlos. Exigen un referéndum de iniciativa ciudadana que les permita revocar una ley, destituir a cualquier político –incluido al presidente, ministro, diputado o a cualquier otro funcionario electo–; proponer leyes y, finalmente, reformar la Constitución. La idea detrás de estos referéndum es que el ciudadano recupere su soberanía y poder.

Cierto, por la problemática cada vez más compleja de los países, los efectos de la globalización o la irresponsabilidad de los elegidos, la crisis de representatividad se agudiza y el ciudadano siente la necesidad de retirar su confianza y controlar a los que eligió en las urnas. Lógicamente, el rechazo de la política y el abstencionismo benefician en gran medida a los populismos y extremismos.De esta manera, la democracia representativa muestra sus lados más vulnerables y llega a sus límites en este inicio de siglo. Podrá sobrevivir pacíficamente si prueba que los poderes del Estado funcionan para el ciudadano, y no contra él. Y en esta labor, tendrá como mejor aliado al referéndum. Esta sería una de las grandes enseñanzas que nos deja este histórico 9 de diciembre.

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