OPINIÓN | Arturo Valverde: El martirologio de Humala

Columnistas vinculados a la izquierda de este país que, en su locura, piden que a otros expresidentes también se les incauten sus casas, como a Alan García.
OPINIÓN | Arturo Valverde: El martirologio de Humala

Me sorprende ver la cantidad de gente, en su mayoría periodistas y políticos, que salieron a defender a Ollanta Humala y Nadine Heredia luego de que se dictara la orden de incautar sus inmuebles, incluido en el que hace poco residían.

Gente como Jorge del Castillo (Apra), Gloria Montenegro (Alianza para El Progreso), Alberto Quintanilla (Nuevo Perú), Gilbert Violeta (Peruanos por el Kambio), y así sigue la lista. Gente que, de una u otra manera, consideran excesiva la medida dictada en su contra.

Columnistas vinculados a la izquierda de este país que, en su locura, piden que a otros expresidentes también se les incauten sus casas, como a Alan García. Son locos. Cómo me gustaría que se publicara la lista de consultores y talleristas que desfilaron por el gobierno de Humala. ¿Serán los mismos que hoy lo defienden en la prensa?

Como en el Perú hay memoria selectiva, les recuerdo que en 1992 la casa de Alan García fue asaltada por militares durante el auto golpe orquestado por Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori. La orden de matarlo. Eso sí fue un tremendo abuso. ¿Dónde estaban los defensores de derechos humanos? La izquierda siempre habla del primer gobierno de García, pero incluso entre el 85 al 90 se hizo obra. ¿Qué hizo Humala en su gobierno? ¿Por qué obra lo recordarán? ¿Por el satélite de Pedro Cateriano?

No ha faltado por ahí quien diga que Ollanta Humala está probando de su medicina debido a las arbitrariedades de sus megacomisiones, ningunear al diario El Comercio… En fin, Humala no supo hacer política. No supo lo que significa entenderse con todos aquellos que al igual que un presidente, también ostentan cierto poder e influencia en el país. En lugar de convocar a los mejores, se convocó a los familiares. En el colmo de la desfachatez nombró a la ginecóloga de su mujer como embajadora, pasando encima de toda la diplomacia nacional.

Ahora Ollanta Humala quiere invocar que se respete el Estado de derecho. ¿Ya se olvidó del “Andahuaylazo”? Llamaba “mi comandante” al bárbaro de Hugo Chávez y clama porque no tendrá un techo donde dormir. Pide respeto a su investidura, pero ya se olvidó cómo insultaba a otros exmandatarios. ¿Alguna vez le dijeron que todo acto tiene una consecuencia? Esto no es martirologio, señor Humala. Son las consecuencias de sus actos.

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