3 Dic, 2017

OPINIÓN | Ántero Flores-Aráoz: Vivir para servir

"El ciudadano común y corriente, al tomar conciencia del altísimo nivel de corrupción que se ha ido descubriendo, pasó de la indiferencia a la indignación...".

Por: Ántero Flores-Aráoz *

Días atrás, un fraterno amigo, Eduardo Gómez de La Torre, me pasó un bello texto en que se en­contraba la frase: “Quién no vive para servir, no sirve para vivir”.

Impactante la frase, y sobre todo en tiempos de desánimo debido a la falta de credibilidad y mística para el servicio de quie­nes deberían tenerlas. Muchos de los carentes de credibilidad, nos han gobernado en los tres ni­veles gubernamentales; incluso nos han representado o nos re­presentan en el Congreso y en el Parlamento Andino, y sin olvidar a varios de los que integraron o integran organismos vinculados con la administración de justicia como son el Tribunal Constitucio­nal, el Poder Judicial, el Ministerio Público, y el Consejo Nacional de la Magistratura.

El ciudadano común y corriente, al tomar conciencia del altí­simo nivel de corrupción que se ha ido descubriendo, pasó de la indiferencia a la indignación, con el agravante que ya no cree en nadie, y casi no distingue entre los honestos y los corruptos, entre los honorables y los indignos, entre los honrados y los la­drones.

Lo antes señalado es peligroso pues el ciudadano elector, de­bido al desánimo y desconfianza señalados, puede inclinarse en el futuro a opciones políticas extremistas y/o populistas que podrían romper no solo la institucionalidad del país, sino re­troceder décadas de lo avanzado en la economía, con una sola direccionalidad que es la economía social de mercado, la que ha logrado mejorar el desarrollo del país, elevar niveles de vida de buena parte de la población y la reducción de la pobreza y de la extrema pobreza.

Desandar lo recorrido sería terrible, pues los ciudadanos ya evidencian que para llegar al bien de todos con la elevación de niveles de vida, se requiere de una larga cadena en que el esla­bón final es el bienestar, pero para alcanzarlo se requiere del anterior eslabón que debe ser la existencia de trabajo, y luego de otro precedente que tiene que ser la inversión privada que es la que demanda los puestos de trabajo. Pero para que exista in­versión se requiere de otros esla­bones como son la tranquilidad interna del país, la estabilidad en las reglas de juego que es la normatividad legal, la predicti­bilidad tributaria y, por último una administración de justicia eficiente y honesta.

La pregunta qué cae por su propio peso es ¿cómo recobrar la credibilidad en las autoridades y el respeto hacia ellas? Consi­dero que la respuesta no es otra que ser severos en la lucha con­tra la corrupción, lo que debe realizarse con serena y eficiente investigación de las denuncias a los representantes de las em­presas constructoras que son inculpadas y que la punición sea severa dentro de la Ley. Ello por supuesto sin atentar contra las obras en proceso que podrían hacer quebrar a proveedores y subcontratistas y perder empleo a miles de trabajadores.

Y para el futuro, repetir hasta el cansancio, sobre todo a escola­res y universitarios, que quien no vive para servir (honestamen­te) no sirve para vivir. ❖

* Ex Presidente del Congreso de la República

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