12 Nov, 2017

OPINIÓN | Ántero Flores-Aráoz: Vale oro

"Sin duda alguna, para quienes ya no tienen responsabilidades laborales, las comunicaciones mediante los mecanismos modernos a que nos hemos referido, les hacen llevadera la vida..."

Por Ántero Flores-Aráoz

Viejo refrán dice que “el tiempo vale oro”, pero penosamente hay personas que no lo valoran. Por supuesto, muy respetable es que decidan desperdiciar su tiempo, pero ello no les da derecho a malgastar el tiempo ajeno ni a perturbar la vida de amigos, conocidos y extraños.

Me explico, cuando no había el avan­ce tecnológico del que hoy día disfru­tamos, y las comunicaciones entre las personas estaban restringidas a la tele­fonía fija, telegrama y correspondencia epistolar, no era frecuente que quienes quizá no tenían mucho que hacer, te bombardeaban con cadenas de oración, frases célebres, pensamientos altruistas, poemas y hasta dibujitos.

Hoy, debido al avance tecnológico contamos con el ciberespacio y a través del correo electrónico, redes sociales y whatsapp, entre otros, la comunicación se ha convertido en grupal e inmediata, y consecuentemente te llegan mensajes y correspondencia, tanto deseada como no deseada.

Al día, se reciben muchísimas comu­nicaciones indeseadas, como pueden ser ofertas comerciales, información de servicios hasta de lo más inimaginable, ofreci­mientos de legados millonarios de quienes desean saber el nú­mero de tu cuenta bancaria para probablemente piratearla y retirar los fondos. También hay cadenas de solidaridad al igual que las de oración y hasta las de contenido compulsivo: “si no la reenvías a por lo menos 20 personas, te achicharrarás en el infierno”. Por supuesto hay chistes, caricaturas, imágenes satí­ricas y hasta de contenido sexual lúdico.

El receptor de lo que no quiere ver, leer ni escuchar, tiene que estar con el dedo metido en el celular o en la laptop, desechando lo que no quiere, y no nos atrevemos algunas veces a bloquear los mensajes originados en teléfonos y cuentas de correo electrónico de amigos, para no incordiarlos ni resentirlos.

Sin duda alguna, para quienes ya no tienen responsabilidades laborales, las comunicaciones mediante los me­canismos modernos a que nos hemos referido, les hacen llevadera la vida y les cubre horas de inactividad, incluso les permiten compartir información que para ellos puede ser valiosa. Empero deben comprender que hay otras per­sonas que todavía están en actividad laboral, que pretenden seguirlo estan­do y que no tienen tiempo en el día para compartirlo con otras personas, pues tienen que cumplir con sus com­promisos laborales, profesionales o de cualquier otra índole.

Hay grupos de whatsapp que llegan a ser insufribles. Fulanito se va de via­je, y cada minuto hay alguna persona que le desea buen retorno. Zutanita se graduó y le llegan innumerables avisos de felicitación. Menganito tuvo una pérdida familiar y hay con­curso de lloriqueo para que el deudo sepa quién lo quiere más. Te llaman con diminutivos; a Antonio dejaron de llamarlo por su nombre para aplicarle el “Toñito”, a Victoria la han transfor­mado en Vicky y no sé qué hubiera pasado si el nombre fuese Pancracia. En lo personal dejé de llamarme Antero para que me pongan el “Anterito”, quizá para recordarme como me decían las tías cargadas en años.

Por favor, ¡ubicaína! Y respeto al tiempo ajeno, así no valga oro.

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