3 Sep, 2017

OPINIÓN | Ántero Flores-Áráoz: Es uva, no toro

En el vuelo a Tacna revisé la revista “Vamos” de la línea aérea. En una de sus páginas encontré un aviso publicitario con la figura de una botella de vino marca “Toro de Piedra”, de la viña chilena “Requingua”.

Por: Ántero flores-Áráoz

En el vuelo a Tacna, localidad que visito regularmente los 28 de agosto para celebrar su reincorporación a la heredad nacional, para pasar el tiempo revisé la revista “Vamos” de la línea aérea.

En una de sus páginas y a full color, encontré aviso publicitario con la figura de una botella de vino marca “Toro de Piedra”, de la viña chilena “Requingua”, que no conocía. La etiqueta tenía la figura de un toro y la frase “El Toro Más Premiado”.

Pensé: ¿Qué es lo que hubiera sucedido si el producto fuese peruano? Seguí divagando y me contesté en solitaria reflexión: seguramente me hubieran obligado a hacer mil y un registros para la aprobación de la bebida, ya que en nuestra patria seguimos sobrerregulados.

Seguí pensando en silencio y al repasar la etiqueta volví a preguntarme si ella hubiera sido autorizada. La respuesta es negativa, pues es posible que objetaran la figura del toro (ani­mal) para un producto a base de uva (vegetal), y peor aún al darle al toro la calificación posesiva de piedra (mineral).

Quizás, y en adición a las objeciones, dirían que el tama­ño de la frase “su consumo en exceso puede hacer daño a la salud”, es más chico que la figura del “TORO DE PIEDRA” y ello tenía que modificarse pues el Estado debe tutelar la salud física y mental de todos los peruanos, y no puede permitir que una alerta preventiva tenga menor dimen­sión que la etiqueta.

Algún “inteligente” y “eficiente” funcionario, previamen­te a cualquier decisión, hubiera notificado al productor para que explique por qué no se ponía la imagen de la uva, o como mínimo una hoja de parra (pero sin Adán ni Eva) ya que se trataba de vino.

Como muchas veces los funcionarios actúan como mana­da, y reunidos casi en aquelarre, concursan para ver quien hace más observaciones. En efecto, uno de sus colegas en la función pública exigiría quitar la figura y la marca “Toro De Piedra” porque se podría prestar a confusión, y pudieran haber incautos que afirmaran que siendo el toro la pareja de la vaca, se estaría induciendo a los consumidores a creer que el producto embotellado es leche y no vino. Habría otros que olvidarían a la vaca, pues bastaba la figura del toro, pero no por toda su estampa, sino por los “cuernos” de antigua recordación. Ruego no preguntar el motivo.

Superado el incidente de la etiqueta, debería solicitarse la autorización sanitaria del producto, análisis tras análisis, medición sobre medición, seguro pretenderían hacer análi­sis de Sida al propietario de la viña, olvidando tan solo el ADN.

Tal sería la confusión de los funcionarios, que ordenarían informe al Ministerio de Agricultura, el que dispondría previa cuarentena del animal. Cuando se les explicara que era solo una marca de fábrica y nada más, y que como la mayoría de marcas eran nombres de fantasía, el funcionario entraría en cólera y exigiría que el Instituto de Investigación Minera certifi­cara la composición de la piedra de la que estaba hecho el toro.

Luego de explicar que no había toro ni piedra, sino que era vino, llegaría otro funcionario de Agricultura exigiendo analizar los campos de cultivo de la uva, para determinar si es que se habían empleado abonos naturales o procesados y si es que se habían rociado insecticidas en los viñedos.

No sigo, pues el próximo capítulo sería una borrachera de padre y señor mío del titular de la viña, para no ahorcar a tanto inútil servidor o verdugo público.

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