OPINIÓN | Ántero Flores Aráoz: Remuneración mínima: reflexiones

El fijar la retribución mínima, si bien requiere de la concertación del sector laboral y del empleador, debe definirse sobre bases técnicas.
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Ante la orden presidencial para que se eleve la remuneración mínima, que envuelve tanto a salarios como a sueldos, conviene hacer algunas reflexiones, sean de forma como de fondo.

La primera de las reflexiones es sobre lo inusual que resulta, que sea el Presidente de la República quien ordene a su Ministro de Trabajo, estudiar y resolver el tema. Normalmente el pedido de elevación de remuneración mínima proviene de los sectores laborales a través de sus gremios.

Como segunda reflexión, observamos la oportunidad en qué se dispone ello. Es en el contexto de las presiones de algunos sectores políticos y mediáticos para que el Presidente declare ante la Comisión del Parlamento que investiga el caso Lava Jato y no se siga postergando la diligencia, lo que daría la impresión que la propuesta de elevación de la remuneración mínima sea para distraer la atención de la ciudadanía.

Recordemos que la Constitución prescribe que las remuneraciones mínimas se regulan por el Estado con participación de las organizaciones representativas de los trabajadores y de los empleadores. En adición señala que, en general “…el trabajador tiene derecho a una remuneración equitativa y suficiente, que procure para él y su familia, el bienestar material y espiritual”.

El fijar la retribución mínima, si bien requiere de la concertación del sector laboral y del empleador, no es menos cierto que debe definirse sobre bases técnicas, que no vayan ni en defecto ni en exceso. No se trata de aumentar todas las remuneraciones, sino las mínimas.

Los empleadores que tienen negociación colectiva, así como las medianas y grandes empresas, tienen retribuciones superiores a las mínimas legales, y cualquier aumento que se disponga del mínimo remunerativo, afectará sobre todo a los pequeños y microempresarios, con el peligro de incrementar la informalidad laboral.

Hay sectores de empleadores que consideran que, al aumentarse el mínimo legal, de suyo se están aumentando cargas laborales, lo que es cierto, pero ellas no pueden considerarse sobre costos, pues cuando se toma un trabajador se calcula lo que debe ser la remuneración anual al puesto, que en los hechos se divide en las doce remuneraciones mensuales, las dos gratificaciones, la compensación por tiempo de servicios y los aportes a la Seguridad Social.

Por otro lado, hay sectores gremiales de trabajadores que pretenden que la remuneración del trabajador alcance para atender la llamada “canasta familiar”, aunque con olvido que hoy en día aportan a lo que podría ser el alcance retributivo familiar, tanto el hombre como la mujer.

El tema no es fácil, pero tiene que entenderse que, si bien la inflación es moderada, siempre los precios aumentan y que se tiene que atender las necesidades del hogar en bienes y servicios, con el mismo sueldo o jornal, motivo por lo cual el Estado tiene la obligación de regular la remuneración mínima, pero en forma tal que no atente contra el empleo ni empuje la inflación hacia arriba.

Hay que hacer lo que sea técnicamente factible, y ajeno al interés político circunstancial.

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