OPINIÓN | Ántero Flores-Aráoz: Pícaros angelicales

"Hay muchísimas personas que desde la actividad pública o privada, señalan a otros como corruptos, agregando: él o ellos son, pero yo no..."

Los temas de corrupción son motivo de reflexión en todos los niveles, pero también de indignación respecto a quienes siendo o pudiendo haber sido pícaros, se visten con el ropaje de honorabilidad y honradez, y a los cuatro vientos declaran su pulcritud en el actuar, y si son o han sido funcionarios públicos, prácticamente se presentan como si fueran ciudadanos angelicales.

Hay muchísimas personas que desde la actividad pública o privada, señalan a otros como corruptos, agregando: él o ellos son, pero yo no, lo que nos lleva a recordar el adagio de quien de algo se ufana es porque de ello carece.

Quienes son dignos, honestos y honrados, no necesitan ponerse un cartel en ese sentido.  Todos se dan cuenta de sus cualidades, sin necesidad de la propaganda personal, que incluso lleva a dudas.

Algunos sectores inclinados a la siniestra, con regularidad han señalado a quienes estaban en la otra antípoda, e incluso en el centro político, de corrupción, pero usualmente diciendo: nosotros si somos honestos, honrados y no coimeros.

Evidentemente me estoy refiriendo a personas que estando en el sector público, quieren ganar avemarías presentándose en olor de santidad, aunque olvidando que la mujer del César no solo debe ser honesta sino parecerlo, y lamentablemente no hay forma de aparecer honesto si los signos exteriores de sus campañas electorales y políticas, distan mucho de concordar con su patrimonio o de quienes pudieren ayudarlos con legitimidad.

Cuando no se puede explicar certeramente de ingentes recursos económicos para una campaña, es porque algo turbio debe existir, y por ello los ciudadanos no deberían dejarse engañar con las exclamaciones de honestidad de quienes gastan lo que no pueden acreditar.

No nos vengan a decir que viendo gastar millones en paneles, avisos televisivos y radiales, concentraciones concurridas y movilizaciones, ello se solventa con el “maná del cielo”.  De ninguna manera, el maná fue bíblico pero no de nuestros tiempos, los recursos económicos que se emplean en campañas políticas, de algún lado tienen que salir, y si es que no se puede demostrar la legitimidad de ellos, su origen evidentemente no es “santo”.

Un antiguo refrán nos dice que “Sacristán que vende cera y no tiene cerería, de donde pecata mía si no es de la Sacristía”.

La corrupción es corrupción de donde venga, no está circunscrita a determinados círculos políticos, y lamentablemente en todo grupo humano hay buenos, malos y regulares, y a los malos, cualquiera fuera su ubicación en el espectro políticos, la sociedad tendrá que señalarlos, los electores excluirlos y el Estado procesarlos judicialmente.

Es bueno que los ciudadanos abran bien los ojos para no dejarse engañar, cuando hay dinero a borbotones para campañas, aunque sin sustento de ingresos, hay que dudar, y no es aceptable el “yo no me di cuenta”, “no tenía idea”, “me sorprendieron”, “las cuentas no eran mi responsabilidad”. Basta de tanta candelejonadas cuando la evidencia habla por sí misma. La corrupción debemos combatirla todos.

 

Ex Presidente del Congreso de la República

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