OPINIÓN | Antero Flores-Aráoz: Pamplinas

“El juego del palo encebado que conocemos, es lo más despreciable en el juego político, pues nos enfrenta como enemigos, cuando todos solamente somos contendores…”

Por Antero Flores-Aráoz / expresidente del Congreso de la República

Desde tiempos pretéritos, se ha dicho que la agrupación política que ganó las elecciones presidenciales está llamada a gobernar, y sus candidatos que fueron elegidos para el Parlamento, tienen la obligación desde el Congreso, de hacerle la vida llevadera al Ejecutivo y cooperar con sus proyectos.

También se ha dicho que los parla­mentarios de las demás agrupaciones políticas o alianzas, cuyos candidatos presidenciales perdieron la contienda, el electorado los puso para que hicieran oposición y fiscalización.

¡Pamplinas! No es cierto. Todos los candidatos presidenciales y sus agru­paciones políticas participaron en la lid electoral para ganar y ser gobierno. Nin­guna agrupación quería simplemente ser oposición en el Congreso. Apostaron a ganador y no ganaron, y en términos hípicos, nadie jugó a place.

Consecuentemente con lo expuesto, los ciudadanos electores no eligieron para que sus agrupaciones políticas fueran oposición, eligieron para que su candidato presidencial gobernara y sus parlamentarios que obtuvieron cu­rul en la contienda, lo ayudaran desde el Parlamento.

Entonces, es bueno terminar con la “monserga” que el elector eligió para que hubiera la mal llamada oposición, que bien po­dría llamarse opción alternativa. El llamar oposición conlleva calificativo negativo, en lugar de positivo, y hace creer que los parlamentarios cuyas agrupaciones no ganaron la Presidencia de la República, deben hacerle la vida imposible a quien ganó. En buena cuenta, ¡fregar y fregar!

La buena fe es indispensable en este juego político, pues se supone que todos deseamos lo mejor a nuestro país, y para ello hay que gober­nar bien, y entender que “oposición” es como se denomina a los sectores que no alcanzaron la presidencia, pero que tal denominación no implica necesa­riamente oponerse a todo, sino ser al­ternativa para futuros gobiernos.

El juego del palo encebado que co­nocemos, es lo más despreciable en el juego político, pues nos enfrenta como enemigos, cuando todos solamente somos contendores. No es legítimo tratar de bajarse al gobernante, cuan­do lo que puede hacerse es darle ideas, plantearle propuestas, generar alter­nativas. Todo ello para el fair play que se supone todos queremos.

Lo expuesto es camino de doble vía, por lo cual quien salió airoso en la elección presidencial, con sus repre­sentantes al Parlamento, tiene que ser lo suficientemente lúcido para saber recepcionar las propuestas alternati­vas del sector opositor, cuando ellas son mejores que los proyectos guber­namentales.

El Perú tiene que estar primero, y si bien hay agrupaciones po­líticas, debemos considerar que todos, absolutamente todos, pertenecemos a un partido político común, muchísimo más grande que el de nuestra preferencia, y esa agrupación política a la que nos referimos se llama Perú, quien exige patriotismo en todas nuestras acciones y omisiones. Hoy por ti y mañana por mí. ¡Reflexionemos!.

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