OPINIÓN | Ántero Flores-Aráoz: Dilema presidencial

“No solo el Presidente de la República muestra preocupación, sino todo el país murmulla, cuando no chismea, sobre la situación de aquel…”

Por Ántero Flores-Aráoz

Si el Vice estuvo en Ancón usando lentes oscuros, ello era para no ver a la Vice Aráoz, y si ella miraba a otro lado, era para ignorar a Vizcarra. Como estas interpretaciones y elucubraciones, hay muchísimas más…

No solo el Presidente de la República muestra preocupación, sino todo el país murmulla, cuando no chismea, sobre la situación de aquel. Son dos los motivos de tanto ronroneo, uno es el indulto a Alberto Fujimori y otro las investigaciones sobre las vincu­laciones del Presidente con la cons­tructora Odebrecht que por años ha operado en el Perú.

El tema del indulto va tomando su nivel, al advertir los opositores a esa decisión presidencial, que ella es de su competencia, que jurídicamente no admite condicionamientos ni requisitos, y que es absolutamente discrecional. Puede gustar o no, pero que es legal no hay la menor duda, y que el metomentodo Sistema Inte­ramericano de Derechos Humanos no tiene vela en este asunto, por más que se entrometa en él.

El otro tema, vinculado a la situación presidencial, sí reviste gravedad por las consecuencias que puede tener. En efecto, estamos frente a tres escenarios diferentes, como son la vacancia en el cargo que pudiera disponer como sanción política el Congreso de la República. También podría el Presidente renunciar al cargo. En estos dos casos, de producirse la vacancia o de aceptarse la re­nuncia, asumirían el Sillón de Pizarro, los Vicepresidentes de la República, por su orden. El último escenario es que el presidente Kuczynski se aferre al cargo, cumpla con responder ante el Minis­terio Público y Comisiones Investigadoras del Congreso, y genere convicción de que nada desdoroso ha hecho o dejado de hacer.

Cualquiera que fueren los escenarios previstos en el párrafo anterior, el Presidente tiene todo el derecho de defenderse, de defender su nombre, prestigio y trayectoria, que es lo que cualquier persona con dignidad haría como herencia a su familia, de no tener nada inmoral que ocultar.

Pese a la claridad de todo lo antes expuesto, mañana, tarde y noche, escuchamos los más variados ru­mores, murmullos y hasta chismes, de personas que, pavoneándose, dicen tener el dato preciso de la si­tuación. Se arrogan parentescos con personal de Palacio de Gobierno, cuando no relación con los círculos amicales del Presidente y de los dos vicepresidentes.

Van incluso más lejos, el Presiden­te se lo dijo a su cuñado, cuando se encontraron en la piscina de céntrico club de golf, y como no se mencionó que la información era reservada, pues no era indiscreción revelarla. Probablemente no hay ningún cuñado y menos vincula­ción con el Presidente.

También se insinúa, incluso se dice a los cuatro vientos, que los vicepresidentes están distanciados, más aún peleados. Se tejen las más imaginativas situaciones. Si el Vice estuvo en Ancón usando lentes oscuros, ello era para no ver a la Vice Aráoz, y si ella miraba a otro lado, era para ignorar a Vizcarra. Como estas interpretaciones y elucubraciones, hay muchísimas más.

Lo que tenemos que preguntarnos es si estas aseveraciones tragicómicas, ayudan a recuperar la confianza perdida, regre­sar a un mayor crecimiento económico, facilitar las inversio­nes y aumentar las fuentes laborales. No lo creemos. Usemos la imaginación en mejores propósitos.

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