13 Ene, 2018

OPINIÓN | Alfredo Aguilar Medina: Educación Cívica: ¿Utopía o hipocresía?

Lamentablemente en nuestro país toda la dirigencia política está seriamente cuestionada con acusaciones muy graves de corrupción.

Sin duda este es un tiempo crucial en nuestra historia. Normalmente en un país con alta autoestima social y valores democráticos muy arraigados, cuando ocurren crisis que afectan a todos sus ciudadanos las miradas se dirigen a los políticos investidos de poder, a quienes se exige respuestas idóneas y honestas.

Lamentablemente en nuestro país toda la dirigencia política está seriamente cuestionada con acusaciones muy graves de corrupción.

La movilización ciudadana de hoy, más allá de los riesgos de infiltración de los violentos, es la justa indignación frente a la decepción por la podredumbre de viles mercenarios de la política que prácticamente han capturado el aparato estatal.

Una primera pregunta que se hacen muchos peruanos es, ¿por qué  algunas personas que han alcanzado las más altas cotas de educación, incluso en las más prestigiosas universidades del mundo, terminan subyugados por el poder y el dinero al extremo de convertirse en sátrapas y embusteros?

A mí, particularmente, me ha decepcionado el ministro de Educación Vexler, llamado a ser el regente moral del gabinete. Su reacción y posición de escudero presidencial con motivo del controvertido indulto otorgado al dictador Fujimori fue deshonroso.

El mensaje que llega a las escuelas es la de un ministro opaco y de doble discurso: aplausos para el “presidente humanitario” y censura para los profesores que usan las aulas para criticar al gobierno.

Es cierto que todo profesor debe ser neutral frente a opciones políticas partidarias. Pero de ninguna manera frente a valores universales como la justicia, la libertad y la veracidad.

Debo reconocer también que frente a los trágicos episodios de enfrentamiento entre peruanos, la escuela no es más que el reflejo de todas las miserias humanas. Y es que nada ni nadie puede impedir que entre en la escuela las bajas pasiones, la criollada, la intolerancia, que nos están convirtiendo en una  sociedad anodina.

Vexler ahora quiere lavarse la cara y anuncia que desde el quinto de primaria se enseñará sobre el terrorismo en el seudo convencimiento que como ya nada se puede hacer con la sociedad adulta, con los niños todo es posible. ¿Habrá ingenuos convencidos que la escuela es el paraíso o el remanso de la paz? ¿Podría cerrar los ojos al mundo exterior asfixiado por el consumismo a ultranza y la violencia institucionalizada?

De la utopía a la hipocresía solo hay un paso.