OPINIÓN | Alan Salinas: El sueño chino y el mandato de Xi Jiping

Desde el 2013, Xi estableció que este país-continente debía avanzar hacia la consolidación de su posicionamiento en el mundo hasta el 2030.
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A finales del año 2016, cuando estuve en China, tuve una conversación con una traductora del español al chino que (después de varias preguntas sobre sociedad, política y cultura china) me dijo lo siguiente: “Mao, en 1949, fue el impulsor de la nueva China; pero Deng Xiaoping, en 1979, nos enriqueció”. Esa reflexión sintetiza los momentos que definieron a este país-continente hasta antes de la llegada de Xi Jinping al poder el año 2013.

Desde el 2013, Xi estableció que este país-continente debía avanzar hacia la consolidación de su posicionamiento en el mundo hasta el 2030 (mediante planes quinquenales y de largo plazo), a través de su apertura económica y comercial al mundo y de la cooperación. A esta estrategia Xi Jinping lo ha denominado el sueño chino.

Para el cumplimiento de este objetivo, Xi –en su conferencia de agosto del año 2013- sostuvo que “[para el logro del sueño chino] no se debe prestar atención a conceptuarlo o solidificarlo para no vulgarizarlo y llevarlo a ser demasiado ambicioso”. Para ese tiempo, el líder chino dejó la idea de la aspiración del gobierno.

Ya pasado 5 años, con el cambio constitucional para la reelección del líder chino hasta el 2022 (y tras la elección el año 2016 en Estados Unidos de Donald Trump, bajo el discurso del proteccionismo), Xi Jinping aspira para China un sitial histórico en el mundo. El sujeto colectivo -que es el pueblo chino- debe llegar a ser una “sociedad modestamente acomodada” (o en términos occidentales, sociedad de clases medias), superando todos los niveles de reducción de la pobreza; debe llegar, también, a ser una sociedad “armoniosa y bella” (según términos utilizados por Lawrence Kuhn, asesor extranjero del gobierno chino), así como una sociedad civilizada (que implica valores morales, justicia e igualdad).

Tengamos en cuenta todos estos elementos que configuran el sueño chino, que comparado con el sueño americano (que implica el individuo por el individuo), puede llegar –a través del tiempo- a un nuevo reordenamiento de la geopolítica mundial. El camino hacia ese horizonte recién empieza. Veamos realistamente si el mundo avanzará hacia ese reordenamiento político y cultural con características chinas.

¡A estar atentos!

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