23 Ene, 2018

OPINIÓN | Alan Salinas: El Papa de la gente

. Y como humanos no estamos exentos de aciertos y errores, así como de bondad y maldad. Y de matices entre estos y aquellos. Las zonas grises de la vida.

El título de mi columna de hoy es el título del libro de Evangelina Himitian sobre la biografía de Jorge Bergoglio o el papa Francisco. Comencé a leerlo antes de su llegada al país, por regalo que me hiciera mi pareja para Año Nuevo. ¡Gran regalo!

 

De un tirón, y en pocos días, me leí todo el libro. En él, la autora nos relata el camino de Bergoglio hacia el Vaticano. Nada fácil, por supuesto. Los caminos al poder siempre, así sea eclesial, están llenos de obstáculos muy paganos y terrenales. Al fin y acabo, somos seres humanos. Y como humanos no estamos exentos de aciertos y errores, así como de bondad y maldad. Y de matices entre estos y aquellos. Las zonas grises de la vida.

 

Himitian nos comienza contando que –como nos relató la prensa a la llegada del Papa al país- el origen italiano en Argentina, su paso por la biología, su amor por una chica (de quien el Santo Padre comentó que, si no era sacerdote, se casaba con ella), así como su “adhesión” al -siempre complejo- peronismo y la influencia de una bióloga comunista en la vida de Bergoglio, quien -allá por los años setenta- fue torturada y desaparecida por la dictadura militar en Argentina.

 

Vayamos a lo central del texto. Según la autora, la sencillez de sus actitudes y el trabajo como forma de vida para alcanzar la alegría de Dios, fue (y sigue siendo) el ritmo de su acción. Lo que le motiva. Nada de opulencia. “La iglesia de los pobres” –como él suele decir- tiene que dar el ejemplo. Es jesuita, y como tal, se rige por la austeridad, la reflexión, y el trabajo como ética de vida.

 

Siempre acompañando, siempre escuchando, siempre pensando en la acción, siempre resistiendo y siempre afrontando con alegría y dignidad lo que las cotidianidades y el poder te ponen al frente, es lo que podemos leer en ese texto.

 

Y es que estar en una vieja y milenaria institución, como es la Iglesia católica, requiere mucha templanza y mucha fe frente a las múltiples dudas, alejamientos, cizañas y mezquindades, que también los hay. No es nada fácil, como lo escribí líneas arriba.

 

Hace mucho tiempo, el catolicismo es percibido como anticuado. Pero la “revolución de la fe” -como propone el papa Francisco- puede dar un giro de ¿360 grados? a las inseguridades, e inequidades en el mundo.

 

Volvamos al esfuerzo del origen para –según nuestros códigos actuales- mejorar el mundo. Ese es el mensaje.

 

¡Recomendable libro!