22 Ago, 2017

OPINIÓN | Alan Salinas: La memoria incomoda

"Un día después de esa reunión, el director del LUM presenta su carta de renuncia, a pedido del ministro Del Solar ..."

Por: Alan Salinas

En medio de la huelga magisterial por un aumento salarial digno y por mejores condiciones de trabajo, el jueves que pasó, el director del Lugar de la Memoria (LUM), Guillermo Nugent, presentó su carta de renuncia a seguir dirigiendo dicha institución. Uno se pregunta, ¿por qué la renuncia si venía desempeñando un buen trabajo en el LUM?

Todo comenzó con la presentación de la muestra colectiva “Resistencia visual”, en la que se daba a conocer lo ocurrido en los últimos 25 años en nuestro país, como el autogolpe de Estado perpetrado el año 1992 y el asesinato del sindicalista Pedro Huilca. Al siguiente día de presentada dicha muestra colectiva, Nugent es citado por el ministro de Cultura, Salva­dor del Solar (quien fue influenciado por Petrozzi, congresista por la bancada fujimorista), para que replantee la exposición. Un día después de esa reunión, el director del LUM presenta su carta de renuncia, a pedido del ministro Del Solar.

¿Censura? Claro que sí. Soy un convencido de que uno puede discrepar de algo (o de alguien), pero jamás quitar­le el derecho a decir lo que otro piensa. No se puede ceder así de fácil frente al fujimorismo actual de lo que anterior­mente hicieron sus predecesores. No es antifujimorismo, es disputa política por la memoria, que no debe ser selecti­va, porque eso recordará a la ciudadanía de qué pie cojean.

Dar a conocer –a través de diversas narrativas- hechos históricos sobre el legado autoritario fujimorista incomo­da al fujimorismo actual. Pero hay formas de responder a estas narrativas. Para eso es necesario que -como partido político- el fujimorismo actual entre al debate cultural y académico democráticamente, pero no instando a censu­rar hechos que sí ocurrieron. No nos miremos al ombligo, que daño nos hace, sino mirémonos como país a la luz de las experiencias alemanas con los nazis, de Sudáfrica con el apartheid y de España con el dictador Franco. Lo importan­te ante todo es generar conciencia democrática.

Conozco a Guillermo Nugent, desde las aulas universi­tarias. Como su alumno, siempre percibí en él apertura a otras formas válidas de pensamiento, además de crítica tanto a la derecha como a la izquierda. Aprendí con él que se puede -sin miedo- pensar en público, aunque la verdad incomode y duela.

El país solo se reconciliará cuando se anteponga la liber­tad y la igualdad sobre la censura.

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