16 Ene, 2018

OPINIÓN | Alan Salinas: De instituciones y disputa de poder

En cierta medida, estoy de acuerdo con Puémape. Estoy de acuerdo con que los “ismos” juegan un rol protagónico en darle vida a los partidos políticos

El politólogo Félix Puémape escribió la semana pasada el texto “La crisis de la crisis” (El Comercio, 12/01/18). Artículo sugerente e importante para repensar actualmente a los partidos políticos.

En él, Puémape sugiere que las organizaciones políticas deben (re)pensarse desde las “identidades” antes que de “estructuras carcelarias” y/o “partidos jerárquicos”. A partir de esa premisa, las facciones en disputa (alanismo vs. jorgismo y keikismo vs. kenjismo), desarrollan ciertos juegos políticos de lucha por el poder dentro de la organización.

Advirtiendo el politólogo que ello no implica crisis política, sino crisis coyuntural. En cierta medida, estoy de acuerdo con Puémape. Estoy de acuerdo con que los “ismos” juegan un rol protagónico en darle vida a los partidos políticos, pero se olvida de los procesos bajo los cuales surgen el alanismo y el keikismo.

No surgen de la nada. Ellos han tenido que ganarse legitimidad dentro de la organización. En el caso de Alan García, en 1982 ganando la Secretaría General del Apra; en el caso de Keiko Fujimori, apostando por fundar una organización política, con todo lo que eso implica. Así, no es lo mismo un partido político, que un partido empresa; o no es lo mismo Alan García y Keiko Fujimori que César Acuña.

Ahora, no hay que pensarse –como él sugiere– a los partidos políticos como estructuras carcelarias. Desde Panebianco en adelante (criticando a Michells), las organizaciones políticas –pese a líderes ambiciosos que quieren mantenerse en el poder– tienden a dar oxígeno a su estructura jerárquica incorporando liderazgos, para luego formar tendencias dentro de ella. Hay coyunturas que permiten ello, rompiendo con la cúpula o pactando con cierta parte de ella para poder acceder a la jerarquía partidaria.

Tengamos en cuenta también, que –dentro de una perspectiva de institucionalidad mínima (que implica cierto arraigo en la sociedad, creencia en la democracia y, con aciertos y errores, democracia interna)– los partidos cuentan con tendencias y no con facciones. Las facciones pertenecen a organizaciones no institucionalizadas como el Frente Amplio; en cambio, las tendencias permiten formar “ismos” dentro de una identidad mayor.

Más que crisis política, pensemos la disputa de poder dentro de los partidos -aparte de las identidades- también desde las instituciones mínimas.