10 Oct, 2017

OPINIÓN | Alan Salinas: ¿A dónde queremos llevar la vida política del país?

Desde que el Perú salió del gobierno autoritario fujimorista, se ha impulsado la creación de instituciones que den vida democrática al país, como –por ejemplo– las elecciones regionales (que desde los noventa no había) y la ley de partidos políticos (con algunos cambios, faltan aún otros, como una real democracia interna).

 

Hasta allí todo bien, pero a medida que fue pasando el tiempo, se percibe que los impulsos dados en materia de partidos políticos, no han sido recibidos democráticamente por algunos actores políticos (los vinculados a Perú Posible y el Partido Nacionalista) y por algunos sectores estatales (léase el Ministerio Público).

 

¿Por qué sostengo eso? Porque, a raíz de los sobornos de la empresa brasileña Odebrecht, se ha judicializado la política en el país. Si bien los partidos políticos están desacreditados (que no es reciente y que viene desde los años noventa), no es posible que –desde el Ministerio Público– se trate de desacreditar aún más a las organizaciones políticas existentes, tratándolos de organizaciones para el crimen organizado (léase Fuerza Popular y el Apra).

 

Es cierto que están comprobados los sobornos por parte de Alejandro Toledo (de Perú Posible) y Ollanta Humala (del Partido Nacionalista), pero eso no implica –sin prueba alguna– que Fuerza Popular y el Apra estén involucrados en esos delitos. No hay pruebas, solo especulaciones. La fiscalía no puede sostener (en base a cómo funcionan las organizaciones criminales) investigaciones que -en su momento- ya fueron resueltas judicialmente (nacional como internacionalmente en el caso García).

 

Desde los partidos políticos y desde la opinión pública, se debería emprender una campaña por la gobernabilidad. En nuestra adolescente democracia (17 años de vida), no podemos seguir permitiendo que, en nombre de una supuesta investigación, se siga teniendo una pésima imagen de la justicia y de los partidos políticos.

 

Fomentemos el diálogo, más no lo odios, que tanto daño han hecho –desde el siglo XX– al país. Fomentemos la prudencia, más no el espectáculo. Y fomentemos comunidad política (vale decir, la idea de adversario y no de enemigo), que –hasta la fecha– no se ha logrado conformar.

 

Solo así podremos evitar –de ciertos actores políticos antisistema y militares– la tentación autoritaria.