OPINIÓN | Alan Salinas: Y después de la transición a la democracia, ¿reconciliación?

Ciertamente, se avanzó en el diseño estatal. Tenemos, con aciertos y errores, gobiernos regionales haciendo efectivas demandas de toda índole de la sociedad

El año 2000, el Perú transitó hacia un periodo democrático, en el cual se había perfilado instancias estatales que –rumbo al bicentenario de nuestra independencia- iban a superar nuestros deficientes años estatales en dictaduras y/o autoritarismos.

 

Ciertamente, se avanzó en el diseño estatal. Tenemos, con aciertos y errores, gobiernos regionales haciendo efectivas demandas de toda índole de la sociedad. Tenemos –también– el Acuerdo Nacional y el Centro de Planificación (CEPLAN) que nos han dado objetivos a cumplir hasta el 2021. En materia estatal, se avanzó bastante, pero –como ya indiqué en columnas anteriores– necesitamos que el Estado tenga un segundo impulso reformista para dar celeridad y transparencia a las decisiones gubernamentales.

 

Desde la transición a la democracia, hay un tema aún no superado, aún no resuelto. Ese es el sentimiento del “anti”. Si en el siglo XX teníamos el antiaprismo como una especie de identidad política que unía tanto a la oligarquía como a los comunistas, militares e Iglesia para enfrentar al Apra; postnoventa, tenemos (sumado al antiaprismo) al antifujimorismo, el cual aglutina a cierta parte de la derecha, a organizaciones socialdemócratas y a la izquierda.

 

¿Eso está bien? Claro que no lo está; en democracia debería prevalecer la tolerancia. Pero seamos realistas. Para poner dos ejemplos, ni en España postdictadura franquista, ni en Chile postdictadura pinochetista, el “anti” ha sido superado. De cuando en cuando y generalmente en el marco de elecciones, este suele aparecer. Para el caso peruano, con el indulto humanitario que realizó el gobierno de Kuczynski no hizo más que avivar (después de elecciones) el sentimiento antifujimorismo.

 

Dicho esto, ¿habrá reconciliación? Con los actores políticos que fueron afectados en el gobierno autoritario fujimorista, no lo creo. Muy difícil. Podrán haber acuerdos (o coincidencias) parlamentarias, pero seguirá prevaleciendo el antifujimorismo. Es más rentable políticamente, dado que la democracia también es competencia.

 

¿De dónde partimos, entonces, para la reconciliación? Mínimamente, del reconocimiento de la participación en elecciones. Desde el encuentro electoral, aunque hostil, con el fujimorismo podría a largo plazo irse apaciguando el anti y el fujimorismo irse adecuando aún más a los marcos democráticos.

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