7 Nov, 2017

OPINIÓN | Alan Salinas: Carta a Paolo Guerrero

Desde pequeño, he pensado en lo duro de ser hincha de la blanquirroja. A Perú –hasta ahora– no  lo he visto en un mundial.

Paolo, hermano, no te conozco, pero en cada jugada (con corazón que hiciste con la camiseta peruana) te he sentido como un amigo, como un pata, al que le confías tus más sentidas emociones, y hasta tus frustraciones. Porque ser hincha de la selección no es nada fácil.

Desde pequeño, he pensado en lo duro de ser hincha de la blanquirroja. A Perú –hasta ahora– no  lo he visto en un mundial. He alentado –hasta el mundial pasado– a mis hermanos sudamericanos. Con ánimo, sí, pero no es lo mismo.

Siempre he visto con mucho entusiasmo la pasión futbolera de los brasileños y los argentinos. Su pasión. Los hinchas dejan todo en el estadio y en los televisores. Aún los recuerdo –siendo estudiante de postgrado con extranjeros– cómo vivían con cada partido de sus selecciones. Pero es la pasión del hincha que siempre vio a su país en un mundial.

No es mi caso. Soy un hincha (como los 30 millones de peruanos) construido desde la derrota, desde la desilusión, desde el casi lo hacemos. Desde el casi, ¡Qué sensación tan jodida! Así crecí. A pesar de eso, sigo –como esos 30 millones– alentando, haciendo sumas y restas, con ganas de ver a Perú en un mundial. Con mucha fe y esperanza.

Recuerdo mis pichangas de los miércoles en Quito, allá por el 2014 y 2015, con amigos extranjeros. Me decían –por Pizarro– “el conquistador”; yo les replicaba: “dime Guerrero”. Te sentía en el alma –hermano– porque sudas la camiseta, no arrugas, luchas hasta el final.

Recuerdo (con esa sensación extraña de alegría y tristeza) los partidos de la selección en las Eliminatorias para Francia 98, cuando casi clasificamos. La seguía con mi viejo, cuando aún vivía. Nos alegrábamos y renegábamos juntos. Mi viejo era raro. No jugaba al fútbol, era maleta, pero cómo alentaba a Alianza Lima y a Perú. Lo recuerdo como si fuera ayer. Mi hija –ahora– no tiene ni un año, pero cómo ve mi emoción. Algún día entenderá, cuando lea esta carta.

Sé que un equipo lo conforman 11 jugadores, pero –hermano– eres el capitán. Debes seguir inspirándolos, como lo haces con el hincha. Transmite mi fe y esperanza. Lidera (como lo vienes haciendo) con humildad y autoridad.

Hagan todo lo humanamente posible por hacernos felices a todos los peruanos. Porque como dice el cántico: “no hay tristeza en la memoria que se resista al grito de gloria”. Ni mal que dure cien años.

 

¡Vamos Perú, carajo!