Mundo | Trump deja atrás la paz y retoma la guerra arancelaria con China

Trump ha calificado el enorme déficit comercial de Estados Unidos con el país asiático (de 337.000 de dólares el año pasado) como evidencia de que Beijing ha sido cómplice de prácticas comerciales abusivas.
El presidente de EEUU, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, se saludan en Pekín.

Apenas han pasado 10 días desde que Trump declaró el cese  de hostilidades arancelarias con el gigante asiático. Pese a ello, el presidente de EEUU ha vuelto a imponer tarifarias del 25% a importaciones chinas por valor de 50.000 millones dólares. El daño se completa con el anuncio de nuevas restricciones a las inversiones chinas en alta tecnología.

Trump, al igual que la mayoría de conciudadanos, considera que el gigante asiático se ha aprovechado de la apertura de los mercados estadounidenses, al tiempo que blindaba los suyos. El resultado ha sido un déficit comercial de 375.000 millones de dólares, el mayor del planeta.

La reducción de este desequilibrio supone para Trump un objetivo crucial, sobre todo en un año en que se celebran comicios legislativos (en noviembre se renuevan toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado). Pese a esta urgencia política, la necesidad de recabar el apoyo chino en el pulso nuclear contra Corea del Norte retrasó el inicio de hostilidades. Así lo reconoció Trump en público, y solo fue al tener asegurado el respaldo de Pekín, cuando arrancó el pulso comercial.

La intervención del secretario del Tesoro, Steve Mnuchin y otros altos cargos moderados, logró rebajar la tensión y cerrar una tregua con los emisarios chinos. Aunque el pacto no fue refrendado públicamente por Trump, los negociadores de ambas partes acordaron dejar en suspenso las subidas tarifarias. China, además, reconocía la necesidad de aumentar las importaciones estadounidenses. El armisticio fue hecho público mediante un comunicado de la Casa Blanca.

La subida arancelaria se concretará el 15 de junio y las restricciones a las inversiones en el área tecnológica se conocerán el 30 de junio. Este tiempo da margen al secretario de Comercio, que llega el 2 de junio a Pekín, a enfriar otra vez los ánimos e incluso utilizar las propias sanciones como arma negociadora. “Queremos que China retire todas sus barreras comerciales y que haya reciprocidad entre los dos países. La discusión proseguirá en estos temas; el deseo de EEUU es aumentar sus exportaciones eliminando las severas restricciones chinas a la importación”, indica la Casa Blanca.

Además, paralelamente, refuerza la posición estadounidense ante el resucitado cara a cara que Trump quiere celebrar el 12 de junio en Singapur con el líder norcoreano, Kim Jong-un. En Washington se entiende que los gestos de rechazo que los norcoreanos exhibieron hace dos semanas y que desembocaron con la ruptura del encuentro fueron adoptados bajo la influencia de Pekín, deseosa de mostrar su músculo y forzar una mejora en la negociación comercial. Ante este envite, el mensaje es claro. China, el gran padrino de Pyongyang, debe apoyar a EEUU, de lo contrario habrá guerra tarifaria. Es Trump negociando.

FUENTE: EL PAÍS

TAMBIÉN PUEDES LEER: