Moisés Rojas: Bella Unión y una ciudad para peatones

Es increíble que a Castañe­da y a sus técnicos no se les haya ocurrido hacer un puente de calidad para el tránsito peatonal. Veredas angostas y sin cruces peatonales.

Por: Moisés Rojas

Cuando creíamos que Lima iba pésimo, el alcalde Castañeda nos muestra que las cosas pueden ir peor. Hace muy poco lamentábamos la muerte de los jóvenes en Las Malvinas y de los pasajeros en el accidente del cerro San Cristóbal. Ambos por antojadiza ausencia de fiscalización municipal. ¿Cuál es la última noticia? Pues, la fracasada etapa de prueba del puente Bella Unión. Los vecinos de la zona, los transeúntes, los periodistas, los técnicos, las autoridades, los que comen­tan en internet; todos, casi al unísono, han criticado la obra.

¿Las críticas son injustificadas? En absoluto. Esa obra está mal hecha. A parte de no haber sido transparente (ni siquie­ra el alcalde sabe cuánto costó), la gestión, en la etapa del diseño, nunca pensó en los peatones, ni en los ciclistas, mu­cho menos en los discapacitados ni en los adultos mayores. ¿Se acuerdan que el alcalde Castañeda se excusó de no ir al Congreso por estar inspeccionando el puente Bella Unión? Bueno, ya sabemos los resultados de su diligente supervisión.

Lo cierto es que hoy Lima tiene un gran reclamo. Y tranqui­lamente es un reclamo que se extiende a lo largo de nuestras ciudades a nivel nacional. Es necesario que diseñemos la vida urbana pensando en los peatones y en la experiencia en los espacios públicos. Es el ciudadano el centro de las ciudades. Es la prioridad. Es verdad que necesitamos infraestructura vial que resuelva el caos del transporte. Es cierto, pero eso no puede ir en desmedro del peatón. Es increíble que a Castañe­da y a sus técnicos no se les haya ocurrido hacer un puente de calidad para el tránsito peatonal. Veredas angostas y sin cruces peatonales. Indignante.

¿Saben cuál es el sueño que podemos construir? Que poda­mos caminar disfrutando de las áreas verdes, que podamos sentarnos con tranquilidad a leer o conversar en los parques, que la ciudad se acondicione a nuestra comodidad como tran­seúntes. Salir a la calle no puede representar exponer nuestra integridad física. Para ello, es vital poner al peatón como eje central del diseño urbano. En su lugar, muchos alcaldes solo piensan en los carros. Esa es una diferencia principal en el modelo de gestión urbana. No quiero dejar de sumarme a la marcha de este viernes “por el derecho a la ciudad”, organizada por los estudiantes de arquitectura de Lima Metropolitana. El modelo de ciudad también se disputa en las calles.

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