5 Jul, 2017

Milko Ibáñez: “Cohabitación (Capítulo 2)”

Lo impor­tante es que los representantes de las dos fuerzas que dominan Ejecutivo y Legislativo conversen y vayan un poco más allá...

Por: Milko Ibáñez

El primero de marzo de este año escribí en mi columna de los miércoles, en este diario, una que llevaba el título siguiente: “Es el momento de la cohabitación, el tiempo se acaba”, desde esa columna mucha agua ha corrido bajo el puente y mucha “sangre” se ha derramado.

Esto decía en el último párrafo:

“¿Cómo quiere pasar a la historia, Sr. presiden­te? ¿Como un hombre que ganó la presidencia y teniendo la educación, inteligencia, experiencia y don de gentes hizo un gobierno mediocre y mantuvo la dinámica de enfrentamiento entre peruanos?, ¿o como aquel que teniendo todas esas virtudes invitó a sus rivales a gobernar, a sumar consensos y fortalecer su gobierno, no solamente conversando, sino toman­do puestos de responsabilidad en el Ejecutivo? Atré­vase, Sr. presidente, con lo que tiene en el Congreso no le alcanza, sea práctico, una fuerzas, hágalo por el bien del Perú”.

Bueno, creo que se ha presentado una situación inme­jorable para proponer una situación de ese tipo a partir de la propuesta de Keiko para dialogar en dos temas centrales, corrupción y reconstrucción, no importa quien dio el primer paso ni por que lo dio, lo impor­tante es que los representantes de las dos fuerzas que dominan Ejecutivo y Legislativo conversen y vayan un poco más allá, juntos pueden hacer un gobierno excep­cional y pueden resolver temas que solo el consenso pueden solucionar; por ejemplo, una reforma judicial a nivel constitucional.

Esperemos que ambos líderes dejen de escuchar a los termocéfalos de uno y otro lado y este encuentro marque el punto de quiebre para que los peruanos de buena voluntad, que los hay de ambos lados, puedan aportar y trabajar por el bien común, ciertamente pro­poner que algunos cargos ejecutivos sean ocupados por gente de Fuerza Popular, y que algunas comisiones sean presididas por los Ppkausas, bajarán el nivel de en­frentamiento y mejorarán el clima de inversiones y, so­bre todo, darán una muestra de madurez de una clase política que está bastante devaluada.

Hay que acabar con la continuación de las políticas de enfrentamiento, las que llevó a su máxima expresión el humalismo y que aún no amainan.

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