11 Sep, 2017

Martín Valdivia: Sin vendas en los ojos

Hasta febrero de este año, MVLL todavía dudaba del proceder del expresidente, tapándose los ojos pese a las fuertes evidencias que hablaban de las coimas de Odebrecht.

Sorpresas te da la vida. Muchos dudábamos que Mario Vargas Llosa (MVLL) se mordiera su propia lengua y aceptara de una vez por todas que su protegido, Alejandro Toledo Manrique, era un corrupto más que ahora se esconde bajo las faldas del gobierno norteamericano y se resiste a someterse a la justicia peruana.

El “garante” –en extensa entrevista a un medio chileno– dijo que “desgraciadamente” Alejandro Toledo tuvo una doble faceta. “Por una parte, un líder popular y valeroso, que se enfrentó a la dictadura; y, por otra, un gobernante que aprovechó el poder para enriquecerse, aparentemente, recibiendo coimas multimillonarias”.

Hasta febrero de este año, MVLL todavía dudaba del proceder del expresidente, tapándose los ojos pese a las fuertes evidencias que hablaban de las coimas de Odebrecht y, meses antes, cuando el escándalo de Ecoteva comenzaba a llenar los diarios de titulares cada vez más escandalosos. Pero sigue la entrevista y dice: “Lo importante es que ese señor esté hoy día juzgado, que pueda ser repatriado y que pueda pagar sus culpas de acuerdo a un procedimiento legal”.

Ahora, para MVLL Toledo ya no es el adalid de la democracia, el hombre “que se fajó frente a la dictadura de Fujimori”. Ahora dice “ese señor” para referirse a él. Y acota: “Nunca hubiéramos creído que una persona como Toledo iba a decepcionarnos de esa manera terrible”. Nos imaginamos cuánto le habrá costado al Nobel aceptar sus errores, comerse el sapo, superar su enorme ego y aceptar que se equivocó.

Recordemos que los vínculos de amistad entre MVLL y Toledo se remontan a comienzos de este siglo, cuando el líder de la chakana enfundaba su vincha y tomaba las calles para tumbarse al corrupto gobierno de Fujimori. Con los años, el escritor hizo oídos sordos a toda denuncia contra Toledo Manrique; incluso, se peleó con su propio hijo, Álvaro, cuando éste le quitó su respaldo al solidarizarse con la hija negada del expresidente, Zaraí. Nada ni nadie alteraba su incondicional apoyo al cholo sagrado. ¿Qué le hizo cambiar de opinión al cabo de tantos años?

Probablemente, la gran cantidad de evidencias que señalan a Toledo como receptor de coimas de Odebrecht por más de 20 millones de dólares. Quizá porque nos le quedaba más remedio que aceptar las evidencias y cruzar información entre amigos y conocidos. Tal vez porque sabe de primera mano que lo de Toledo es real y no otro chisme político o una venganza montada por el “fujimontesinismo”.

Esto ya es un avance. Sin embargo, en relación a Ollanta Humala –terco el escritor– aún le persiguen las dudas, porque “no lo ve con tanta claridad”. Esperemos que las vendas no se demoren en caer de los ojos del escritor, tal como ahora ha sucedido con el dueño de Ecoteva. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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